martes, 4 de marzo de 2014

Bicho Bolita

 Cuando te pienso, 
que suele suceder seguido,
no dejo de pensarte así,
viéndote venir con tus manos en los bolsillos,
encontrándonos a mitad de camino,
metida para adentro como defendiéndote del mundo.

Y sé que eso no es azaroso, 
aprendí, o mejor dicho, me enseñaste, 
que a veces era difícil para vos dejarte abrazar, 
entregarte sin más a una realidad que suele
quedar en falta.

Entonces me acostumbré a esperar tus gestos cautelosos,
a disfrutar de una caricia azarosa,
o de tu sonrisa políglota. 
Una sonrisa defensa,
una sonrisa bandera. 

Y en esa diferencia inherente a todo lazo,
nos fuimos recorriendo juntos,
yo frenando el paso, 
cuidándote de mis ansiedades crónicas,
vos rompiendo de a poco con tus miedos,
dilatando tus límites por mi,
estirando más los brazos, 
para ayudarme a encajar tu modo con el mío. 

Y si esto hubiera sido todo,
no dudaría ni un instante de recordarlo alegremente,
con una alegría modesta,
amable, 
una educada gratitud.

Pero entonces, yo quise ir más allá,
siempre más allá,
sabiendo que eso podía doler un poco,
asumiendo el riesgo de quien
no sabe vivir de razones y sonrisas cómplices.

Y en ese arriesgarse, 
en ese detenerme en vos,
en nombrar eso que venía
sucediendo por debajo,
el desencuentro hizo lo suyo,
y vos te abrías y te cerrabas, 
como un bicho bolita,
evitando que el temor
te alcance.

Y cuando la despedida nos empujaba,
y el silencio hablaba por nosotros,
yo rompí mi crisálida con palabras, 
y emergiste con toda tu fuerza, burbuja,
agarrándote fuerte de mí,
apoyando tu existencia de dudas en mi pecho,
desovillándote  para
acariciarme con tus mil patas, bicho bolita,
llenándome de tus huellas,
para dejarme así, 
lleno de marcas en la piel,
y con esta espesa y dulce
sensación de extrañarte en todo el cuerpo.

Emedeerre.











lunes, 24 de febrero de 2014

Burbujas

"El amor es cultural" M. Maisa

A veces, hay que subirse sin más.
A veces, hay que dejarse llevar por eso que apenas asoma.
A veces, hay que dejar que el tiempo sea una burbuja.

Y ahí subimos nosotros,
con nuestros kilos de dudas encima, 
con todas las preguntas inútiles,
con las ganas solapadas.
Y entonces la vida una vez más haciendo de las suyas,
una vez más derribando supuestos.

Porque todos los a priori fueron bombardeados
dulcemente por una carambola de gestos,
por un azar transparente,
por una burbuja inmensa, 
 lúdica,
acaso, demasiado real.

Y ahora que todavía estoy empapado,
que siento el gusto al jabón en los labios,
y me resisto a aceptar su finitud,
no puedo evitar esta alegría tan cierta
en la boca de la panza,
una alegría oruga,
tan absoluta como mis manos en su espalda,
tan genuina como un viaje a España

Y como la gratitud es ante todo un derecho,
solo queda darle las gracias,
gracias por jugar conmigo,
por sus dedos entre los míos,
por sus besos que hospedan,
por su sonrisa guason,
por sus silencios azarosos,
gracias por multiplicarse con los míos,
y sobretodo gracias,
por esta burbuja que flota por siempre,
 en todas las terrazas.

Emedeerre.




jueves, 6 de febrero de 2014

Osa

"Necesito más de un litro de te de ti" Rocio Carbajo

Yo no se como pasó,
  pero pasó, osa. 
Supongo que por esos azares que la razón esquiva. 
Pero algo dentro mío lo supo cuando te vió,
con ese instinto osezno que compartimos.
Porque hay rostros que se reconocen sin nombre, sabés,
y yo supe que ahí, 
debajo de esa sonrisa omnipresente,
de esa carcajada constante, 
había un dolor de osa herida,
una fragilidad pretérita que ha aprendido a disfrazarse.
Y no sé qué te paso a vos,
pero me gusta pensar que algo parecido,
un a priori  que tu olfato reconoció en este oso viejo,
esa posibilidad recíproca de ser cuidados, 
esa constante necesidad de multiplicarse.

Y claro que después vino lo otro, 
el contenido que va llenando el tiempo,
esa forma de abrazarnos con las garras
a una vida que a veces duele,
el catarsis cotidiano,
tu guitarra y voz como bandera y miel,
el humor que siempre nos sana y nos salva,
la angustia que se comparte con dos hielos,
la risa mezclada en cualquier llanto. 

Pero todo eso fue después osa,
porque todo eso seguirá siendo tierra
fértil para estos plantígrados cómplices,
anécdotas que irán llenando una forma
lúdica que reconocimos al instante,
como los osos sabés, 
porque entre tanta jungla, disfraz y mascara, 
nos permitimos el abrazo,
y ahora la tierra duele menos,
 ahora tenemos la cotidiana necesidad de escucharnos,
y celebro hasta las vísceras,
el fortuito azar de encontrarte.

Emedeerre.







lunes, 30 de diciembre de 2013

Balances

No estoy de acuerdo con los balances lastimosos,
descreo firmemente de las teorías pesimistas,
esas que sostienen que todo tiempo pasado fue mejor,
a la vez que celebran que el año que se va, 
fue una mierda de año.

Cierto animo neurótico,
 cierta necesidad de creer que merecimos más,
que tuvimos un año lleno de miserias en infortunios,
no obedece mas que a la cotidiana tarea de victimizarnos.

Ni el año que se va fue tan malo,
 ni hay que esperar que el año que viene sea un festival.
Creo que esos balances son sesgados y arbitrarios,
porque es cierto que el calendario nos empuja a evaluar, 
a recortar momentos,
a seleccionar imágenes, 
y casi siempre a desear que el año que viene sea mejor que el que paso.
Y no esta mal ese ejercicio, 
ese optimismo a trescientos sesenta y cinco días. 
Pero un año es solo una construcción,
una forma de recortar la vida en frascos anuales.
Porque el balance puede hacerse por una semana, por un año o
por setecientos cuarenta y cinco días, 
pues la vida en todo caso es un continuo longitudinal,
y no un azaroso corte trasversal. 

Por eso no coincido con la absurda idea de que la felicidad es un habito,
de que la tristeza no merece lugar en el almanaque,
que el dolor debe ser ignorado,
el desencuentro postergado,
o la vida una moraleja. 

No hay año, 
que algo no duela,
que un rostro nuevo nos multiplique,
que un abrazo llegue puntualmente,
que una perdida sea irreversible,
que una sonrisa nos detenga,
que no equivoquemos el camino,
que debamos pedir perdón,
que nos perdamos por un segundo del encuentro simétrico,
que no demos las gracias.

Entonces ante la violencia de los calendarios,
y el desagradecimiento a la hora del pan dulce
celebro otro año mas en la ruta,
esperando continuar en la búsqueda perpetua,
agradezco los días por la vida prestados,
los dolores ocasionados,
los pequeños gestos cotidianos, 
los viejos rostros abrazados,
los que hace poco aprendí a abrazar, 
y espero sin euforia desmedida,
pero con honesta alegría,
aquellos abrazos que  
 todavía ignoro,
y los que espero saber hospedar.

Les deseo entonces, 
felices e infelices días viejos,
 y felices e infelices los que vendrán!! 

Emedeerre. 












martes, 26 de noviembre de 2013

Los niños

Los niños no sabían, claro que no sabían
pero su honestidad era tan contundente,
que la idea de completud les quedaba chica.
Porque no había nada ahí que necesitara completarse,
porque el niño se multiplicaba cada vez que la niña
lo besaba, 
y la niña regalaba su inmensa sonrisa cada vez
que el niño le ofrecía sus brazos. 

Niños de cuerpos grandes, habitaban una adultez impuntual
invitándonos a todos a su kermes de caricias.
Bailando y riendo en un nudo de besos,
salpicando una absoluta alegría, 
demostrando sin voluntad alguna,
 que el tren pasa siempre más de una vez.

En un swing de bocas, lengua y saliva, 
los niños se deshacían a carcajadas, 
contagiando unas ganas azules de un durante perpetuo.

Y la sincronicidad de su alegría
hacia metástasis en el resto,
como si hubiesen estado esperándose desde siempre,
 el niño hombre, 
 hermano de viejas contradicciones,
me regalaba una certeza en tiempos de incertidumbre,
un puente que lo curaba, 
y me curaba,
y la niña mujer era sin saberlo, 
cómplice y medicina ante el
continuo desencuentro.

Y esta vez, ante la insistencia de la duda,
la potencia de los niños dejaba su moraleja,
 en su piñata de gestos,
en su mensaje erótico,
en su encuentro simétrico e infante,
el amor es una vez más sosiego, 
  el baile que posterga lo absurdo
 e insoportable de la muerte.

Emedeerre.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Nube

A veces tengo un miedo de que mis miedos te den miedo,
quiero decir,
 que mis dudas te llenen de dudas cuando me mirás así,
y quedás hecha una nube.  

Y cuando te veo así,
 me siento un idiota,
entonces se me acaban las excusas,
y me lleno de una absurda certidumbre.
Porque sabes que me mastico los labios de tantas ganas, ciruela,
 de tantas ganas de que dure.
Y me rió de mis miedos torpes,
me agobio por los tuyos,
 me burlo de tus dudas,
y me avergüenzo de las mías.

Porque es tan hermoso este instante en que somos infinitos,
es tan intenso desnudarnos fragilmente,
tan inverosímil como este temor nuestro,
tan constante como el estribillo de tu risa
 que suena en mi cabeza.

Y cuando te siento escapar,
 cuando temo que tu libertad me olvide,
y es mi cara la que se llena de nubes, 
volvés con tu abrazo de tortuga, 
con tus ganas de mis ganas,
con tus ojos de nuez moscada.

Y estamos tan cerca de estar cerca,
tan,
pero tan cerca, 
que cuando revuelvo en el cajón de mis miedos, 
vos los doblás como un par de medias rotas,
cerrando el cajón con llave,
 para venir corriendo torpemente, 
y darme de tus besos
 con la absoluta complicidad de los niños.

Emedeerre.










lunes, 4 de noviembre de 2013

El hijo del gallego.

"Siempre tuvo poco para dar, y lo dió" 
José Larralde

Así fue desde siempre, 
cada vez que decía mi nombre completo
que mostraba mi documento,
que llenaba algún formulario, adivinaba la pregunta que 
después llegaba:
¿Vos sos el hijo del Gallego?
Y si les preguntas a mis hermanos, te aseguro que dirán lo mismo. 

Así fue desde siempre,
será porque me pasó desde chico que me fui acostumbrando,
 y con una tibia sonrisa, con un movimiento sencillo, yo asentía.
Asentía preparado para la lluvia de adjetivos que se venían, 
Que te conocían de las carreras, de "Agua y Energía" 
de la "Pepsi", del pueblo, del club, o de los "Naranjas".  
Que tu viejo es un fenómeno, que tu viejo es un tipazo,
que tu viejo me dio una mano, que tu viejo...

Y si yo no lo hubiera visto diría que esto es un cuento,
de esas cosas que se dicen para regalar un gesto.
Pero con los años aprendí a mirarte sin esa distancia 
de niño, y comprendí que la gente siempre te agradecía lo 
que para vos eran actos cotidianos. 

Tu caminar acelerado, el pantalón medio caído,
el teléfono sonando, y un chiste siempre a mano. 
Un refrán antiguo, la pasión celeste y blanca,
una transfusión de sangre cipoleña, 
tu solidaridad siempre anónima. 

Y hace poco, por esas cosas de que el tiempo
nos va aproximando,
 una vez más la pregunta eterna:
¿Vos sos el hijo del gallego?
Pero esta vez yo no había mencionado mi nombre, 
llenado ningún formulario, mostrado mi documento.
Entre sorprendido y risueño afirme.
Se nota: Caminas igual que tu viejo, me respondieron, 
acaso sin saber el regalo que me estaban haciendo. 

Porque en ese momento lo comprendí todo viejo,
vos marcaste una huella sin buscarlo,
sin querer darle una lección a nadie,
actuando por inercia,
como si la solidaridad fuera un instinto,
multiplicándote en los otros,
metiendo las patas en el barro,
dándote hasta los huesos.

Y porque también te equivocaste,
porque caíste y te levantaste.
llenándote de dolores mudos,
tu caminar te hace cada día más humano.

Por eso hoy se me infla el pecho cuando me comparan con vos,
Por eso esta alegría inmensa de saberme caminando tus pasos,
intentando seguir tu huella,
perpetuando alguno de tus gestos,
sabiéndome afortunado de poder decir,
con un orgullo humilde y sincero:
Si, yo soy el hijo del gallego.

Emedeerre.