lunes, 17 de marzo de 2014

Bucear

Sé que acaso es mi culpa ciruela.

Esa estúpida idea mía de bucear,
de sumergirnos cada vez más en la profundidad del otro,
cuando se estaba tan bien en la superficie.

Porque hace un tiempo ya que me había acostumbrado 
a mantenerme ahí, en la superficie,
dejándome llevar por las olas,
sin arriesgar demasiado,
sin alejarme de la costa visible de mi soledad,
entrando y saliendo de los otros cuando tenía ganas,
en una cómoda plancha emocional.

Y cuando apareciste, y nos mantuvimos ahí,
mientras reíamos a flote,
sin permitir que el agua nos ahogue,
los dos nos sabíamos indemnes.
Y entonces voy yo y te propongo bucear,
agarrarnos de la mano y nadar hasta los límites del otro,
y vos que te dejás llevar,
que aceptás el juego a sabiendas qué tal vez 
ninguno de los dos sepa bien de que se trata.

Y ahora que estamos ahí,
 ahora que muchas
veces me falta el aire, 
que temo que el oxígeno me falte
cuando no te veo,
ahora que pataleo sólo para encontrarte,
me pregunto si estábamos preparados para esto,
si no era mejor la superficie, 
donde no podíamos lastimarnos,
donde no me asustaba asfixiarme sin vos,
donde nada arriesgábamos,
donde no podías verme lleno de algas y dudas,
donde no me asustaba tu ausencia como ahora, 
donde no te necesitaba cotidianamente para mantenerme a flote,
porque en la superficie estaba bien solo,
pero nadie se salva solo en la profundidad, ciruela, 
y sé que no podré salvarme acá abajo ahora si no es con vos,
si no es que me aferro a tu mano salvavidas,
a tus brazos de pulpo,
ayudándome a respirar tranquilo,
llenándome los pulmones con tus besos,
aprendiendo juntos a convivir entre los corales, 
sabiendo que el riesgo es grande,
pero que la verdadera salvación está acá abajo,
entre los peces de colores,
en este buceo dulce,
en el fondo de nuestro mar,
en las profundas y tibias aguas
 de tu abrazo. 

Emedeerre.











martes, 4 de marzo de 2014

Bicho Bolita

 Cuando te pienso, 
que suele suceder seguido,
no dejo de pensarte así,
viéndote venir con tus manos en los bolsillos,
encontrándonos a mitad de camino,
metida para adentro como defendiéndote del mundo.

Y sé que eso no es azaroso, 
aprendí, o mejor dicho, me enseñaste, 
que a veces era difícil para vos dejarte abrazar, 
entregarte sin más a una realidad que suele
quedar en falta.

Entonces me acostumbré a esperar tus gestos cautelosos,
a disfrutar de una caricia azarosa,
o de tu sonrisa políglota. 
Una sonrisa defensa,
una sonrisa bandera. 

Y en esa diferencia inherente a todo lazo,
nos fuimos recorriendo juntos,
yo frenando el paso, 
cuidándote de mis ansiedades crónicas,
vos rompiendo de a poco con tus miedos,
dilatando tus límites por mi,
estirando más los brazos, 
para ayudarme a encajar tu modo con el mío. 

Y si esto hubiera sido todo,
no dudaría ni un instante de recordarlo alegremente,
con una alegría modesta,
amable, 
una educada gratitud.

Pero entonces, yo quise ir más allá,
siempre más allá,
sabiendo que eso podía doler un poco,
asumiendo el riesgo de quien
no sabe vivir de razones y sonrisas cómplices.

Y en ese arriesgarse, 
en ese detenerme en vos,
en nombrar eso que venía
sucediendo por debajo,
el desencuentro hizo lo suyo,
y vos te abrías y te cerrabas, 
como un bicho bolita,
evitando que el temor
te alcance.

Y cuando la despedida nos empujaba,
y el silencio hablaba por nosotros,
yo rompí mi crisálida con palabras, 
y emergiste con toda tu fuerza, burbuja,
agarrándote fuerte de mí,
apoyando tu existencia de dudas en mi pecho,
desovillándote  para
acariciarme con tus mil patas, bicho bolita,
llenándome de tus huellas,
para dejarme así, 
lleno de marcas en la piel,
y con esta espesa y dulce
sensación de extrañarte en todo el cuerpo.

Emedeerre.











lunes, 24 de febrero de 2014

Burbujas

"El amor es cultural" M. Maisa

A veces, hay que subirse sin más.
A veces, hay que dejarse llevar por eso que apenas asoma.
A veces, hay que dejar que el tiempo sea una burbuja.

Y ahí subimos nosotros,
con nuestros kilos de dudas encima, 
con todas las preguntas inútiles,
con las ganas solapadas.
Y entonces la vida una vez más haciendo de las suyas,
una vez más derribando supuestos.

Porque todos los a priori fueron bombardeados
dulcemente por una carambola de gestos,
por un azar transparente,
por una burbuja inmensa, 
 lúdica,
acaso, demasiado real.

Y ahora que todavía estoy empapado,
que siento el gusto al jabón en los labios,
y me resisto a aceptar su finitud,
no puedo evitar esta alegría tan cierta
en la boca de la panza,
una alegría oruga,
tan absoluta como mis manos en su espalda,
tan genuina como un viaje a España

Y como la gratitud es ante todo un derecho,
solo queda darle las gracias,
gracias por jugar conmigo,
por sus dedos entre los míos,
por sus besos que hospedan,
por su sonrisa guason,
por sus silencios azarosos,
gracias por multiplicarse con los míos,
y sobretodo gracias,
por esta burbuja que flota por siempre,
 en todas las terrazas.

Emedeerre.




jueves, 6 de febrero de 2014

Osa

"Necesito más de un litro de te de ti" Rocio Carbajo

Yo no se como pasó,
  pero pasó, osa. 
Supongo que por esos azares que la razón esquiva. 
Pero algo dentro mío lo supo cuando te vió,
con ese instinto osezno que compartimos.
Porque hay rostros que se reconocen sin nombre, sabés,
y yo supe que ahí, 
debajo de esa sonrisa omnipresente,
de esa carcajada constante, 
había un dolor de osa herida,
una fragilidad pretérita que ha aprendido a disfrazarse.
Y no sé qué te paso a vos,
pero me gusta pensar que algo parecido,
un a priori  que tu olfato reconoció en este oso viejo,
esa posibilidad recíproca de ser cuidados, 
esa constante necesidad de multiplicarse.

Y claro que después vino lo otro, 
el contenido que va llenando el tiempo,
esa forma de abrazarnos con las garras
a una vida que a veces duele,
el catarsis cotidiano,
tu guitarra y voz como bandera y miel,
el humor que siempre nos sana y nos salva,
la angustia que se comparte con dos hielos,
la risa mezclada en cualquier llanto. 

Pero todo eso fue después osa,
porque todo eso seguirá siendo tierra
fértil para estos plantígrados cómplices,
anécdotas que irán llenando una forma
lúdica que reconocimos al instante,
como los osos sabés, 
porque entre tanta jungla, disfraz y mascara, 
nos permitimos el abrazo,
y ahora la tierra duele menos,
 ahora tenemos la cotidiana necesidad de escucharnos,
y celebro hasta las vísceras,
el fortuito azar de encontrarte.

Emedeerre.







lunes, 30 de diciembre de 2013

Balances

No estoy de acuerdo con los balances lastimosos,
descreo firmemente de las teorías pesimistas,
esas que sostienen que todo tiempo pasado fue mejor,
a la vez que celebran que el año que se va, 
fue una mierda de año.

Cierto animo neurótico,
 cierta necesidad de creer que merecimos más,
que tuvimos un año lleno de miserias en infortunios,
no obedece mas que a la cotidiana tarea de victimizarnos.

Ni el año que se va fue tan malo,
 ni hay que esperar que el año que viene sea un festival.
Creo que esos balances son sesgados y arbitrarios,
porque es cierto que el calendario nos empuja a evaluar, 
a recortar momentos,
a seleccionar imágenes, 
y casi siempre a desear que el año que viene sea mejor que el que paso.
Y no esta mal ese ejercicio, 
ese optimismo a trescientos sesenta y cinco días. 
Pero un año es solo una construcción,
una forma de recortar la vida en frascos anuales.
Porque el balance puede hacerse por una semana, por un año o
por setecientos cuarenta y cinco días, 
pues la vida en todo caso es un continuo longitudinal,
y no un azaroso corte trasversal. 

Por eso no coincido con la absurda idea de que la felicidad es un habito,
de que la tristeza no merece lugar en el almanaque,
que el dolor debe ser ignorado,
el desencuentro postergado,
o la vida una moraleja. 

No hay año, 
que algo no duela,
que un rostro nuevo nos multiplique,
que un abrazo llegue puntualmente,
que una perdida sea irreversible,
que una sonrisa nos detenga,
que no equivoquemos el camino,
que debamos pedir perdón,
que nos perdamos por un segundo del encuentro simétrico,
que no demos las gracias.

Entonces ante la violencia de los calendarios,
y el desagradecimiento a la hora del pan dulce
celebro otro año mas en la ruta,
esperando continuar en la búsqueda perpetua,
agradezco los días por la vida prestados,
los dolores ocasionados,
los pequeños gestos cotidianos, 
los viejos rostros abrazados,
los que hace poco aprendí a abrazar, 
y espero sin euforia desmedida,
pero con honesta alegría,
aquellos abrazos que  
 todavía ignoro,
y los que espero saber hospedar.

Les deseo entonces, 
felices e infelices días viejos,
 y felices e infelices los que vendrán!! 

Emedeerre. 












martes, 26 de noviembre de 2013

Los niños

Los niños no sabían, claro que no sabían
pero su honestidad era tan contundente,
que la idea de completud les quedaba chica.
Porque no había nada ahí que necesitara completarse,
porque el niño se multiplicaba cada vez que la niña
lo besaba, 
y la niña regalaba su inmensa sonrisa cada vez
que el niño le ofrecía sus brazos. 

Niños de cuerpos grandes, habitaban una adultez impuntual
invitándonos a todos a su kermes de caricias.
Bailando y riendo en un nudo de besos,
salpicando una absoluta alegría, 
demostrando sin voluntad alguna,
 que el tren pasa siempre más de una vez.

En un swing de bocas, lengua y saliva, 
los niños se deshacían a carcajadas, 
contagiando unas ganas azules de un durante perpetuo.

Y la sincronicidad de su alegría
hacia metástasis en el resto,
como si hubiesen estado esperándose desde siempre,
 el niño hombre, 
 hermano de viejas contradicciones,
me regalaba una certeza en tiempos de incertidumbre,
un puente que lo curaba, 
y me curaba,
y la niña mujer era sin saberlo, 
cómplice y medicina ante el
continuo desencuentro.

Y esta vez, ante la insistencia de la duda,
la potencia de los niños dejaba su moraleja,
 en su piñata de gestos,
en su mensaje erótico,
en su encuentro simétrico e infante,
el amor es una vez más sosiego, 
  el baile que posterga lo absurdo
 e insoportable de la muerte.

Emedeerre.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Nube

A veces tengo un miedo de que mis miedos te den miedo,
quiero decir,
 que mis dudas te llenen de dudas cuando me mirás así,
y quedás hecha una nube.  

Y cuando te veo así,
 me siento un idiota,
entonces se me acaban las excusas,
y me lleno de una absurda certidumbre.
Porque sabes que me mastico los labios de tantas ganas, ciruela,
 de tantas ganas de que dure.
Y me rió de mis miedos torpes,
me agobio por los tuyos,
 me burlo de tus dudas,
y me avergüenzo de las mías.

Porque es tan hermoso este instante en que somos infinitos,
es tan intenso desnudarnos fragilmente,
tan inverosímil como este temor nuestro,
tan constante como el estribillo de tu risa
 que suena en mi cabeza.

Y cuando te siento escapar,
 cuando temo que tu libertad me olvide,
y es mi cara la que se llena de nubes, 
volvés con tu abrazo de tortuga, 
con tus ganas de mis ganas,
con tus ojos de nuez moscada.

Y estamos tan cerca de estar cerca,
tan,
pero tan cerca, 
que cuando revuelvo en el cajón de mis miedos, 
vos los doblás como un par de medias rotas,
cerrando el cajón con llave,
 para venir corriendo torpemente, 
y darme de tus besos
 con la absoluta complicidad de los niños.

Emedeerre.