martes, 5 de agosto de 2014

114

Hoy podemos hacer las paces por un instante,
hoy las flores se ponen de pie, 
hoy podemos dar las gracias,
porque hoy las esperanzas inundan todas las plazas. 

Hoy la muerte se arrodilla y huye,
hoy sus soldados miserables se miran confundidos.
Hoy ni una palabra jamás bastará para sanarlos.
Porque hoy el sí, parte en pedazos todos los no.

Y los habrá siempre quienes buscarán justificaciones a la muerte,
los que se llenarán de excusas,
y multiplicarán vendas que enceguecen, 
sin sentir jamás una digna vergüenza.

Pero también habrá de los otros,
por suerte siempre habrá de los otros,
las que esgrimen sus blancos pañuelos,
las que soportaron los mil prejuicios,
las que no claudicaron,
las que no se defendieron ni atacaron, 
y desde el amor siguieron caminando.

Y entonces recuerdo a mi abuela leyéndome un cuento,
abrigándome en su cama,
preparándome tostadas
y recuerdo lo lindo que es saberse nieto.

Entonces hoy celebro la vida aplastando la muerte,
hoy sonrío y pienso en Guido,
a quien treinta y seis años después,
esa dignidad llamada Estela,
 le podrá leer un cuento.
  
Sí, hoy hagamos las paces por un instante,
hoy veamos a las flores ponerse de pie,
hoy demos las profundas y hermosas gracias,
porque hoy la esperanza inunda nuestras plazas!









domingo, 22 de junio de 2014

Casi

"Todo es multiplicidad y desencuentro"
 Carlos Skliar

Acaso el abrazo sea la unidad mínima del encuentro.
La posibilidad más concreta de salirse por un instante de uno mismo.
Porque en el abrazo la palabra renuncia a su destino
y el cuerpo simplifica el mensaje.

Si, tal vez no haya nada más ajeno que el abrazo,
la posibilidad de estrechar momentáneamente el 
desencuentro cotidiano.
La reducción más íntima del imposible
del otro.

Porque hasta en un abrazo hay contradicción,
y nunca podremos habitar ese misterio por más fuerte que lo abracemos,
por mucho que dilatemos ese momento,
y sin embargo una pequeña certeza habita en ese acto,
como si la soledad muriera de pena mientras 
los brazos permanecen cruzados en esa espalda extranjera.

Por eso la memoria no descansa en el beso,
ni en el sexo, ni en la lengua,
por eso el recuerdo no se demora en la palabra,
no se detiene en la cama, ni permanece en el llanto, 
es el abrazo siempre el que vuelve,
es el abrazo ausente el que retorna obstinado.

Y aunque la distancia persista,
y confluir sea improbable,
tal vez sea necesario seguirnos abrazando,
no para encontrar,
no para entender,
no para llegar,
si no acaso para resistir,
un abrazo escudo,
un abrazo ventana,
un abrazo puente,
un abrazo que nos regale un breve resto del otro,
y nos devuelva a un encuentro casi posible.












miércoles, 11 de junio de 2014

Faro

a Vicente Zito Lema

Con su paso cansino,
con su segura lentitud,
con su espalda llena de historias,
Vicente va resistiendo lo irreversible del tiempo,
como trayendo en cada paso una ausencia.

Sin dimensionar lo que su presencia implica,
Vicente camina y se detiene ante quien se le acerca a pedirle
un gesto, una foto, una sonrisa, un apretón de manos.

Y entonces Vicente que comienza a hablar,
que saca su ametralladora de palabras,
escupiendo mariposas por la boca,
sacudiéndonos de tanta anestesia cotidiana,
convirtiendo el dolor en esperanza.

Y del otro lado las pupilas se dilatan,
los oídos se amplifican, 
y eso que Vicente narra es una voz polifónica,
como si en esa voz estuvieran las voces que ya no están
pero persisten,
la voz de Rodolfo, la de Roby, la de Mugica, la de Julio,
y tantas voces silenciadas por los alguaciles del mal.

Y las palabras nos retuercen las vísceras,
nos golpean el rostro,
nos abrazan el pecho,
volviéndonos acaso dignos por un instante.

Y tal vez el viejo no sepa
que él es un Faro,
que él se ha vuelto luz para todos aquellos que 
a veces nos perdemos en la miseria del mundo,
que sentimos que la batalla ya está perdida,
que el horizonte está demasiado lejos,
y que la utopía ha cesado.

Si, Vicente es un faro,
un faro gigante y generoso,
un sabio con las patas en el barro, 
que renuncia a los elogios,
que reniega del poder,
 aferrándose a una ética de la resistencia
ya casi extinta,
irrumpiendo con ternura
antes quienes inflan el pecho festejando la muerte,
enseñándonos que el amor es ante todo un acto,
y marcándonos con fuego el alma,
con la sensación de que se puede,
que habrá que resistir ante este mar de indiferencia, 
pero que para eso están los tipos como Vicente,
para eso están los hombre faro,
para llenar de luz el horizonte,
para esquivar el miedo que acecha,
para multiplicar las vidas negadas,
y vencer a la muerte,
porque se puede,
como dice el hombre faro,
claro que se puede.






















domingo, 1 de junio de 2014

Busqueda

Buscó en la mesita de luz
en la biblioteca,
debajo de la cama,
buscó en la cajonera,
revolvió entre las medias
y no estaba.

Buscó en la heladera,
fue hasta el auto,
se fijo en la guantera,
abajo de los asientos,
en el baúl,
llamó a su madre,
le preguntó a sus amigos,
nadie sabia nada.

Dio vuelta un vaso como hacía su abuela
para que las cosas aparecieran,
rompió la alcancía,
busco en el patio,
entre los arboles, 
cavó pozos en el césped,
hurgó en la despensa,
y no estaba.

Se sentó en el sillón agotado,
buscó escéptico bajo los almohadones,
miró a su gato resignado,
revisó por milésima vez los bolsillos,
no aparecía,
comenzaba a desesperar.

Tocaron el timbre,
abrió la puerta, 
Ella le sonrió.
Ahí estaba.










miércoles, 21 de mayo de 2014

Crisálida

Claro que la imagen es la de la mariposa.
La liviandad de su vuelo,
su vida breve e intensa,
su descanso en la punta de los dedos.

Pero a toda mariposa la antecede
su oruga.
Porque acaso la condición de la belleza
no resida en su fin, sino en su génesis.
En asumir lo que se fue,
 y transformarlo.

Por eso no habrá que renegar de las babas,
de los caminos reptados,
de las rodillas rotas, 
de los vuelos truncos. 

Porque tal vez la vida sea
una constante mutación,
una perpetua metamorfosis,
a veces oruga,
a veces mariposa,
y casi siempre crisálida.

Y en ese devenir,
en ese ejercicio donde el dolor
convive con la alegría,
la belleza nace de la larva
hasta eclosionar. 

Y entonces un vuelo leve emerge de la pupa,
mutando de adentro hacia afuera,
para caer y levantarnos,
una y otra vez.

Porque para saber volar,
 acaso sea necesario
antes mucho antes,
haber aprendido a arrastrarse.

Y que tal vez en esa crisálida que somos,
resida en secreto toda potencia.
La belleza oruga, 
la monstruosidad mariposa,
la ambigüedad necesaria,
las vidas posibles.











martes, 22 de abril de 2014

Luz

Soñó que abrazaba al mar 
y con él abrazaba sus olas,
se nutría de sus aguas,
y era dueño del mundo.

Soñó que el Sahara no estaba desierto,
que el oasis era cotidiano,
que la arena era dulce
y que nunca más tendría sed.

Soñó que abrazaba al viento,
que lo arrastraba su fuerza,
que éste le hacia cosquillas,
y que la distancia desaparecía

Soñó que abrazaba a un lobo,
que su aullido lo conmovía,
que juntos miraban al cielo
y que la luna descansaba en sus brazos.

Soñó que abrazaba al tiempo,
que éste se detenía,
que la alegría era constante,
y que el adiós no existía.

Soñó que abrazaba la luz,
 que ella le sonreía,
que sus ojos carecían de dudas
y el calor derretía sus miedos.

Cuando se despertó,
 todavía la abrazaba.









jueves, 3 de abril de 2014

Manifiesto

Ante los imperios cotidianos,
ante los manuales de instrucciones,
ante las farmacéuticas de la felicidad
vengo a compartir aquí mi derecho a réplica.

Cansado de fingir en la oficina,
y de maquillar de solemnidad  mi rostro,
vengo a proponer ahora mi deseo de la risa sin motivo,
del llanto porque sí,
de la morosidad de razones,
de la equivocación perpetua.

Contra los dictadores de la moral y las buenas costumbres
manifiesto mis ganas de las manos en los bolsillos,
de extrañar más allá de los domingos,
de tropezar mil veces con la misma piedra,
de sonreír en los velorios.

En la era del goce constante,
y la fiesta permanente,
reivindico mi afición a la duda,
a decir que no,
a que duela lo que duela, 
a la mudanza de ideas,
a sentirme incapaz.  

Frente a los sepultureros de emociones,
y los traficantes de pastillas,
sostengo la bandera de la tristeza honesta,
de la carcajada impuntual,
del beso en los hospitales,
de los celos en los bares,
del abrazo a los desconocidos,
a perder el equilibrio. 

A los mercenarios de la salud,
y los medidores de existencias, 
propongo el derecho a los dientes torcidos,
a la panza polimorfa,
al miedo a las agujas,
a la aversión a las dietas, 
al vino con soda
y al té con miel.

Ante los alguaciles de la producción 
y titiriteros del orden,
defiendo el ejercicio del ocio,
la compulsión a los libros, 
la siesta sin relojes,
los días llenos de bostezos,
a llegar siempre tarde. 

Y a quienes comercian angustias,
e imponen felicidad,
les impongo el derecho a la frustración,
a la hipocondría de certezas,
a la ignorancia emocional,
  a enamorarse con muletas,
a vivir una profunda,
nómade
e incompleta existencia. 

Emedeerre.