sábado, 11 de abril de 2015

Balbucear

Nunca sabré bien explicarme,
nunca sabré porque eso sí,
ni porque eso no,
nunca sabré bien porque elijo lo que elijo.
Es que tal vez sea un profundo ignorante
de mí mismo.

Y bien sé que debo acotar el goce
y encausar el deseo,
 bien sé que en un mundo que fagocita
explicaciones,
dudar puede ser un castigo,
una insolencia sinsentido.

Pero cuando me piden explicaciones,
cuando me preguntan el porqué,
solo atino a balbucear torpes razones,
acomodar débiles palabras
para satisfacer la mirada que interroga,
como un niño inseguro
esperando el gesto confirmador.

Pues la mayoría de mis elecciones,
casi todas mis decisiones vitales,
obedecen más bien a intuiciones latentes,
a deseos intraducibles,
a necesidades innombrables,
que a certeras razones,
a verdades explicables.

Por eso quizás la mirada decepcionada cuando
digo lo que digo,
por eso quizás nunca bastaran mis argumentos,
por eso quizás nunca sabré explicarme
en un mundo hambriento de sentido.

Y cuando miro para atrás,
cuando miro el camino recorrido,
celebro esta ausencia de sentido,
este temblor de juicio,
esta existencia siempre frágil,
esta vida con tantas vidas,
este guion improvisado,
esta profunda ignorancia de mí mismo.






miércoles, 11 de marzo de 2015

Box

Otra vez peleándome conmigo,
enojándome en este boxeo perpetuo,
otra vez esta necesidad absurda
de pegarme donde más me duele.

Otra vez mirarme al espejo y no reconocerme,
esa esquizoide sensación de haberme dejado de lado hace tiempo.
Autoflajelándome como si de verdad la vida me debiera algo,
como si no fuera yo el que estoy en deuda,
el que se esconde una y otra vez en los sueños estériles
para poder tirar la toalla cotidianamente,
para poder echar culpas afuera. 

Y el espejo me devuelve un rostro agotado,
una barba ingenua,
 y unos ojos cansados de buscarse
y buscarte. 
Porque en el fondo sé que es eso, 
sé que cuando me miro al espejo todavía espero tu reflejo,
tu caricia que sedaba miserias,
 tu respiración empañando el vidrio.

Pero el espejo ahora me pega duro,
y tu recuerdo es un cross de derecha
que me hace temblar las piernas,
y la imagen vuelve tambaleando,
borracha otra vez,
mientras fumo otro cigarro inútil
dibujándote entre el humo,
masticando frustración.

Y bien sé que ahora me estarías retando,
burlándote de mí cuando sentía lástima de mi mismo,
y vendrías a abrazarme con una sonrisa aspirina,
inflando tus chachetes para hacerme reír,
tropezándonos hasta la cama,
para hacernos el amor piadosamente,
la misma cama que ahora está incompleta,
como la casa,
como los días, 
como el espejo,
como yo. 


















miércoles, 18 de febrero de 2015

Pulpos

"Que importa el porqué,
si acá ya estamos"
Luciérnagas de otros mundos
Javier Andrada


Nunca me gustaron los consejos.
Nunca entendí esa prepotencia
de decir lo que hay que hacer, 
ese dedo que sugiere, 
 esa inflección en la voz para
explicar la vida ajena.

Porque tal vez el lazo genuino,
la palabra justa,
debe acercarse más a la duda 
que a la certeza,
pues creo que en el fondo
la amistad no sea más que eso,
poder dudar junto a otros.

Es decir, 
alejarse todo lo que se pueda
de las explicaciones,
de la certidumbre,
del dos más dos,
de lo que haría en tus pantuflas.

No sé a donde tenes que viajar,
no sé qué haría en tu lugar,
ni con tu pareja,
ni con tus hijos,
no sé si el amor sí,
o el amor no,
no sé el porqué,
y mucho menos el para qué.

Pero aquí me detengo
acaso a contradecirme,
y me permito esta pequeña prepotencia
esta moraleja con algunas canas,
y escupo esta suerte de consejo,
quizás hay que ser un pulpo.

Es decir,
multiplicar los brazos, 
estirar los tentáculos, 
germinar lazos,
quebrar rutinas,
permitirse otros cuerpos, 
otros recorridos,
otros territorios, 
decir sí, 
siempre sí,
siendo hospitales, 
hoteles, 
y restaurantes,
defender el silencio como gesto,
preguntar menos,
sentir más.
evitar el miedo que se impone,
tener siempre la pava en el fuego,
ser el mate que se ofrece
y empezar a reconocer nuestro rostro,
en el rostro de los otros. 
.











jueves, 12 de febrero de 2015

Veinte

"Sentir que es un soplo la vida,
que veinte años no es nada.."
Carlos Gardel

A mi nadie me lo contó,
porque yo estuve ahí.
A veces de testigo,
a veces cómplice,
a veces un mero observador
pero yo estuve ahí.

Estuve cuando a sus dieciocho años
 él gustaba de ella,
que solo tenia quince,
y yo con mis doce años apenas sabía lo que
era gustar de alguien,
sin saber, 
porque era imposible saberlo, 
que veinte años después él
seguiría gustando de ella.

Estuve ahí cuando se pusieron de novios,
en un lago del sur,
y la familia de ella lo miraba pesadamente
sin poder entender cómo ella,
justo ella,
podía salir un chico que ya tenía
más de siete pelos de barba.

No estuve ahí todas las veces que supe
irme de nuestra habitación de la calle los Pinos,
por qué ellos querían estar solos
y yo obediente me marchaba,
sin entender bien porque no podía estar ahí.
Unos años más tarde lo entendí. 

Estuve ahí cuando por esos guiños del destino, 
nos mudamos justo enfrente de la casa de ella,
en la calle Los Nogales,
y él se iba todos los días a trabajar en
la bicicleta blanca de ella,
que lo esperaba cotidianamente en la vereda a al regresar,
en esos gestos amorosos que hoy me siguen conmoviendo.

Estuve ahí cuando se fueron por primera vez solos
a Necochea,  y cuando él sentó a
mamá para contarle,
entre el miedo y la alegría,
que se iba a vivir con ella. 

También estuve ahí cuando ella
entro hermosa de blanco,
con su padre del brazo,
y él temblando del otro lado,
sellando religiosamente,
con un beso lleno de lagrimas,
un amor que hacia rato ya habían confirmado.

Estuve ahí, 
y esta vez sí que estuve ahí,
cuando nos tomamos los tres un café en Buenos Aires,
porque el bebé no llegaba,
porque los estudios daban mal,
y aún recuerdo su silencio,
cuando como un psicólogo nobel, 
pregunte por qué querían ser papas.

Estuve del otro lado del teléfono, 
cuando él con un llanto gutural
me decía que sí,
que sí,
que sí,
que el evatest dió positivo,
y nueve meses después el universo se hacia más grande
cuando Joaquin llegó a sus vidas.
Y a las nuestras. 

Estuve ahí cuando él
se llenó de miedos obsesivos,
y ningún psicólogo pudo más
que el amor de ella, 
una vez más, 
siendo enfermera,
esposa, madre, 
y amiga. 

Estuve ahí cuando la cosa fue al revés,
cuando Chiquin enfermó,
y la muerte miserable se hizo presente,
haciendo el sufrimiento demasiado para ella. 
Entonces le toco a él,
ser enfermero,
 esposo, padre
y amigo. 

También estuve ahí cuando las cosas se pusieron difíciles.
Porque la experiencia amorosa también está hecha de miserias,
y entonces el desencuentro,
la distancia,
 dos casas, 
contradicciones y dolores.
Pero también estuve ahí meses después,
cuando el tiempo acomodó las cosas,
cuando el amor los siguió eligiendo,
y los dos, 
volvieron a ser uno. 

Y estuve cuando llegó Juanita,
la niña Bolchevique, 
la confirmación de que la vida siempre
se multiplica,
llenándonos de alegría
con su vitalidad cotidiana.

Y hoy todavía sigo ahí,
veinte años después,
celebrando en tiempos de desamor crónico,
este amor escuela.

Porque uno es también la historia de los suyos,
y porque él es mi hermano,
y ella mi cuñada,
y porque ellos 
me han inspirado desde mis doce años,
un profunda admiración,
 porque uno no puede dejar de aprender de
esa obstinada necesidad de elegirse y sostenerse,
uno no puede no conmoverse cuando ve su
complicidad muda,
sus gestos recíprocos,
uno no puede permanecer indiferente
ante su asombrosa manera de mirarse,
y cuidarse,
uno no puede dejar de desear una historia así
para si mismo.

Y yo agradezco humildemente
haber sido testigo,
ser un pedacito de este amor que
también me alimenta,
haber crecido con su historia ante mis ojos,
 llenándome de una genuina felicidad
y una mayor gratitud 
por el amor que se tienen.

Y celebro con estas pequeñas palabras
 su paciencia inoxidable,
sus mil tropiezos en el medio,
 sus hijos color sol,
su seguirse eligiendo,
y que yo siga ahí,
aprendiendo de ellos.
de su amor inmenso y constante,
de su amor escuela,
de su amor todavía horizonte
veinte años después. . 
















































lunes, 2 de febrero de 2015

Mundos

De este lado del mundo
los parpados a veces pesan demasiado,
y la memoria insiste en evocar
siempre las mismas fotos. 

De este lado del mundo
hay preguntas que me habitan
desde niño,
y aún permanecen tibias de respuestas.

De este lado del mundo
me multiplico en ignorancias,
hay muertos que todavía siento,
y gestos que me llenan
de pequeñas alegrías.

De este lado del mundo
me emociona la belleza infante,
me fastidio ante las explicaciones,
asumo mi responsabilidad ante la indiferencia,
y me duele toda idea de normalidad.

De este lado del mundo,
mis amigos son medicamentos,
mi familia tiene mil brazos,
las anécdotas son triunfos
y mi casa son los otros.

De este lado del mundo
a veces tiemblo por un nombre,
veo su rostro en
casi todos los rostros
y hay recuerdos que todavía
me susurran.

De este lado del mundo
los días son un big bang,
 los abrazos certezas,
la tristeza un derecho,
y los desconocidos
posibilidades.

De este lado del mundo
las mañanas siguen siendo prólogos,
la soledad es ya una palabra extinta,
la muerte una postergación cotidiana,
y el amor será siempre
 el horizonte necesario.














jueves, 22 de enero de 2015

Espejo

Yo se que desde hace un tiempo
a vos el espejo te dice otra cosa.
Que te cuesta mirarte,
y que andas todos los días
espiando de reojo en busca
de la sonrisa simétrica.

Pero tenes que saber madre mía,
que esos espejos te engañan.

Y bien se que estas cansada
del kinesiólogo,
de tanto electrodo,
acupuntura,
y yuyo raro.

Pero debes saber madre mía,
que esos espejos te engañan.

Porque si miras bien,
si prestas atención mas allá
de esos trozos de vidrio retráctiles,
veraz que los otros espejos,
los de carne y hueso,
intentamos devolverte 
la luz en la que que siempre
nos vimos reflejados.

Si miras bien,
si te fijas por ejemplo en la
alegría de tus nietos al verte,
en el sosiego de tus hijos
cuando el mundo nos duele
y llegas con el abrazo puntual,
o en la gratitud de tus amigos
cuando disparas el consejo justo,
veraz que ningún pedazo de tu alma
se ha paralizado.

Es decir, 
se que quizás a veces no alcance,
se que que la paciencia se agota cuando
la foto sale torcida,
pero debes saber madre mía,
que nosotros jamás te veremos así,
debes saber que para nosotros
eres el lugar al que miramos
cuando queremos encontrarnos,
eres calma y amparo que vuelve al mirarte,
pues debes saber madre mía,
que tu sonrisa nunca se ha detenido
y seguirás siendo siempre
luz profunda
y nuestro mejor espejo.
















jueves, 15 de enero de 2015

Inútil

Es inútil, 
agoto excusas,
multiplico estrategias,
invento coartadas,
niego momentos,
pero es inútil.

Me escindo,
me despedazo,
alejo mis manos para no escribirte,
mastico mi lengua para no llamarte,
ayuno mi mente de recuerdos,
arranco jirones de esta cosa que late en mi pecho,
pero es inútil.

Como si todos los pedazos de mí,
insistieran en convocarte,
como si extrañarte compulsivamente
fuera la manera que mi cuerpo elige para soportarse,
volviendo estéril todo esfuerzo por olvidarte.

Y este agotamiento,
esta batalla perdida de antemano
sea acaso otra forma de seguirte encontrando,
no para postergar,
no para evitar,
no para negar,
simplemente un gesto de amor huérfano,
una manera inofensiva de quererte.

Es decir, 
hoy en el silencio de tu ausencia,
te regalo esta necesidad insoportable,
esta caricia sin cuerpo,
 esta cotidiana tarea de extrañarte tanto.
Tanto.