miércoles, 30 de diciembre de 2015

Tal vez

Yo sé que vos tal vez esperabas otra cosa.
Que te gustaría la luna, 
que te hable del amor infinito,
y que le ponga tu nombre a una estrella
mientras miramos el cielo.

Yo sé que tal vez te gustaría escuchar más certezas 
de mi boca,
que describa una pasión arrolladora,
y te haga promesas de amor eterno.

Pero nada de eso hoy me nace.
Es que ya intenté bajar muchas lunas,
ya dilapidé estrellas mal bautizadas,
ya prometí infinitos con la pedante juventud
de creer saberlo todo. 

Pero hoy no puedo, 
hoy no quiero.
Y como no puedo regalarte nada de eso,
como algo de mí aprendió que el amor
merece más gestos y menos juramentos,
te ofrezco este amor sin pretensiones.

Porque aunque no te pueda bajar la luna,
puedo apoyarte mi mano en la panza 
mientras esperamos que el dolor se vaya.
Aunque ya no pueda prometer el infinito,
puedo preparar el mate cuando andás cansada,
y llenarte de besos la cara cuando me contás 
como te entristece el sufrimiento ajeno.

Ya no puedo asumir la prepotencia de
amar para siempre, 
No puedo exigir que vengas a completar mi mundo, 
pues quizás el pasado nos enseñó a ambos
que el amor es más sano
cuando se asume incompleto.

Yo sé que tal vez esperabas otra cosa, 
una pasión que desborde,
un futuro concreto
y que probablemente no sea el hombre de tus sueños,
pero ya no sé prometer lo que no tengo, 
entonces te ofrezco este calor sincero,
un abrazo buscapina cuando te haga falta,
una mirada atónita cuando sonreís en silencio.
te regalo este amor modesto,
y estas ganas profundas
de querer verte reír todo el tiempo.





















lunes, 30 de noviembre de 2015

Sueño

Freud decía que el
sueño era el guardián del deseo,
la forma que el inconsciente encuentra
para cuidar nuestro dormir.

Y son de esas frases que 
uno nunca termina de entender del todo,
y entonces voy y te sueño.

Estamos ahí en un sillón viejo, 
acurrucados charla que te charla, 
cómplices otra vez,
deseándonos desde palabras
que eran también caricias,
 vos afirmando
que el amor era cultural, 
yo contradiciéndote,
defendiendo ideas que no creo
sólo para para cruzar una pierna
entre la tuya
hasta hacernos un nudo.
Y que vos te rías
besándome la nariz,
y yo te devuelva
otro en el cuello
para quedarnos abrazados
con ese calor que solo
los cuerpos hablan. 

Y después esos saltos
que a los sueños tanto le gustan.
Vamos caminando de la mano por el barrio de mi infancia,
como una imagen cliché de esas que siempre evitamos,
creyéndonos originales,
 sin saber que el amor es acaso
 la más genuina de las vulgaridades.

Vos me contas de tus ganas de irte al extranjero,
y yo siento miedo,
y nos abrazamos fuerte
como tantas otras veces,
y un amigo cuyo rostro ignoro nos saca una foto,
acaso resumiéndolo todo.

Me despierto con ese calorcito en el aire,
con la sensación de que quizás Freud tenía razón,
y que el sueño cuida aquello que tan bien nos hizo,
que el inconsciente también tiene su manera de defenderse,
de llevarnos otra vez a brazos que quisimos mucho,
y entonces me apuro a cerrar los ojos de nuevo,
antes que el calorcito se vaya,
con ganas,
mucha ganas,
de que me des otro beso en la nariz. 




  














lunes, 23 de noviembre de 2015

Lo Político

Hoy amanecí triste, sabes.
Pero es una tristeza rara,
una tristeza nueva,
una tristeza extranjera.

Y me siento a buscar su génesis,
a ponerle palabra a esta nudo antiguo
que hoy tiene otra forma, y 
quizás alcanzo a comprender. 

Porque de todas las tristezas
que he explorado, nunca
en todos estos años había
conocido la tristeza política.

Déjenme ser más claro, 
no es que sea tan joven pero 
es la primera vez que
mi deseo es no correspondido,
porque para ser más exacto
era la primera vez que tenia
un deseo político.

Y absténganse los psicoanalistas
y los amigos militantes, 
de acusarme con el dedo.
Porque les guste o no les guste,
lo político se ha hecho carne
y palabra en muchos de nosotros,
que hemos crecido creyendo
que la política estaba siempre en otra parte. 

Entonces veo a mi sobrina 
preocupada por la masacre en Siria,
y veo a la juventud levantando sus banderas,
y veo a mucho de nosotros defendiendo derechos
conquistados, 
y veo también a muchos de nosotros, 
pidiendo un cambio
y veo a muchos de nosotros eligiendo el blanco.

Y digo nosotros, porque no creo
en eso de que los malos sean los otros,
siempre pero siempre se trata de nosotros,
y aunque me aterren los globos sin sentido
aunque me de miedo el amarillo 
vació de contenido, 
y sienta que hablan de democracia
 con el odio en los bolsillos,
no te diré facho, gorila, ni cipayo.
No usare ningún adjetivo que
te encierre ni te excluya de tomar un mate conmigo,
pues sinceramente creo que el enemigo
sigue siendo el capitalismo. 

Pero si defenderé el derecho a esta tristeza,
esta paradójica tristeza que enuncia una alegría,
la del deseo no correspondido,
la de por primera vez
sentir el desamor político.

Y esa metamorfosis como pueblo
esgrime otro sentido,
pues no podrán ya privatizar la esperanza,
no podrán ponerle rejas a la poesía
ni podrán exportar la militancia.

Esto no es el fin de nada.
Quizás sea apenas el reinició
 de un recorrido,
ese que hace varios años 
las botas quisieron ver extinguido. 

Nos han devuelto a muchos
 el amor a lo político,
ese fue el cambio con contenido,
y el más amoroso de los caminos.















martes, 10 de noviembre de 2015

Gol

Así como andás ahora en las canchas
de fútbol, 
proyectándote y apareciendo 
por el lateral,
apareciste en mi vida. 

Es decir, apareciste por el costado,
cuando ya no te esperaba,
porque yo era el menor de los hijos
y con mis dieciocho años
nada indicaba que iba a tener un hermano menor.

Pero sí, viene papá y me dice que voy a tener
un hermano, y un reflejo egoísta me invadió,
una absurda sensación de incertidumbre ante 
ese nuevo horizonte que se me habría.

Y en el aprendizaje constante de los días
entendí el mensaje vital que había en todo esto, 
porque la vida me ofrecía la oportunidad de hacer
lo que otros hicieron conmigo, 
de ser hermano mayor y cuidar de vos,
como mis hermanos lo hicieron conmigo.

Y entonces llegaste hermoso y sereno,
como hasta ahora, 
siempre con una sonrisa,
un gesto educado,
en silencio, 
intentando quizás hacer el menor ruido posible.

Y fuimos construyendo nuestro lazo,
pese a las circunstancias que nos mantuvieron
en distintas casas,
intentando estar presente todo lo posible, 
mientras vos crecías y me enseñabas
a tener un hermano menor. 

Y ahora que han pasado dieciséis años ya,
dieciséis años desde que papá nos dió la noticia,
y mi estómago se hizo un nudo egoísta,
agradezco profundamente tu existencia,
la curiosa manera que la vida encuentra
para mostrarnos siempre cuán ignorantes somos,
agradezco tus preguntas que me hacen sentir importante,
aunque no tenga casi ninguna de las respuestas, 
la confianza que depositas en mí para contarme de tus alegrías
y tus tristezas,
y sobretodo agradezco cada abrazo cómplice que nos damos,
con la boca llena de gol,
la excusa perfecta para seguir eligiéndonos. 













domingo, 25 de octubre de 2015

Adiós (segunda parte)


Me gustaría decirte que sí,
que yo también.
De verdad me gustaría
darte el abrazo que me pedís,
abrazarte con tanta fuerza
y no soltarte más.

Y lo intento,
 hace tiempo que lo intento,
hago fuerza para que mis brazos
te sostengan como ansiás,
para envolverte con la precisa
manera que tu cuerpo merece. 

Pero no puedo, 
por más que mi voluntad
quiera satisfacer tus ganas,
por más que cierta gratitud 
me obligue a querer date el abrazo justo,
mis brazos se resisten.

Y en silencio lo sabemos,
aunque tu espalda insista en
acurrucarse junto a mí,
buscando acaso mi abrazo perpetuo,
vos y yo sabemos que es inútil,
que el amor prescinde de voluntades,
y que es imposible forzar el deseo. 

Entonces quizás solo quede
 asumir que mis brazos fatigados
ya no pueden abrazarte,
y regalarte un último gesto amoroso,
 la libertad necesaria
para que encuentres ese abrazo suficiente,
ese que ya no quiera soltarte. 
















domingo, 4 de octubre de 2015

Algoritmo

Si pudiera decirte algo, 
si no me quedara mudo 
cuando tu cara es un algoritmo,
si supieras que mi silencio 
es la infantil manera que encuentro
para decirte tanto.

Pero siempre me encuentro con
ese conjunto ordenado
y finito de gestos, 
primero la sonrisa inmensa que te rosa las orejas,
para luego entrecerrar los ojos,
mientras amanece el sol en tu cara,
generando un nudo en mi panza,
y un deseo afónico
que me camina todo el cuerpo. 

Si pudiera contarte de mis imágenes,
y de mis dudas,  
enumerarte mis ignorancias 
y mis pesares,
si no me miraras así,  
obligándome a mirar para abajo
todo el tiempo. 

 Entonces disimulo mis cachetes colorados
mirando el piso,
y no me salen las ideas,
y se me lengua la traba,
y la piel es todo escalofrió. 
 y tengo de nuevo siete años,
y me muero de vergüenza.

Es que cuando sonreís así,
como si le dieras cuerda al reloj del mundo,
no puedo contarte de mis inútiles poesías,
que detesto los números pares,  
que colecciono broches rotos, 
y que nos vamos a casar algún día.

Si pudiera decirte algo, 
si supieras todo lo que pasa de este lado,
si tu sonrisa no diera inicio a ese algoritmo irresoluble,
sabrías que mi silencio no es cobardía,
y solo es la espontanea respuesta
 de este niño  
al que vives sonrojando.  








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viernes, 4 de septiembre de 2015

Mil palabras

No todos somos Aylan,
Aunque nos rasguemos las vestiduras,
aunque nos indignemos frente a la computadora,
aunque incluso la tristeza nos pertenezca un momento,
No todos somos Aylan.

Porque sospecho que esa generalización,
es una forma de banalización.
La forma moderna y mediática
de sentirnos víctimas,
de limpiar nuestras conciencia,
y no sentirnos jamás responsables.

La foto es la de un niño ahogado.
La imagen dice más que mil palabras.
Y aunque usemos todos los adjetivos,
busquemos todas las explicaciones,
y echemos todas las culpas,
los niños seguirán muriendo.

Un niño ha muerto,
cinco niños han muerto,
miles de niños seguirán muriendo.
pero sus rostros no tendrán fotografía,
y los fotógrafos del mundo
no alcanzarán nunca para
retratar a los autores de esas muertes.

Y cuando pase el estupor,
la maquinaria de la muerte seguirá su proceso,
y volveremos la mirada otra vez hacia nuestro ombligo lleno.
Porque lo estamos logrando,
estamos asesinando los últimos rastros de humanidad,  
nos hemos organizado política y económicamente para ello,
para mercantilizarlo todo,
para vivir anestesiados,
para hacer de la muerte un show,
para hacer de la hostilidad una patria,
para destilar odio desde la comodidad de un sillón,
para buscar siempre culpas extranjeras,
y tranquilizar nuestra conciencia creyendo
que los políticos son los otros.

No todos somos Aylan,
pero quizás sí,
todos lo hayamos dejado morir de algún modo.
Pues hemos puesto precio a la vida,
hemos tasado razas,
priorizado existencias,
y hemos hipotecado lo humano
en busca de plusvalía.

Y cuando termine de escribir estas inútiles palabras,
y de sentir nausea y vergüenza por mi especie,
buscaré comida en mi heladera,
prenderé el televisor,
y mirare las fotos de otro niño muerto
desde mi iPhone.