viernes, 22 de enero de 2016

Milanesas

A Mamá
Yo sé que no puedo manifestar
deseo sin que intentes satisfacerlo,
y que siempre estas ahí pendiente,
incluso cuando aparentas no hacerlo.

Yo sé que te pido milanesas
y al otro día las tengo,
o digo al pasar como me gustan
tus berenjenas, y al rato nomas,
tengo un frasco lleno.

Sé de tu ejercicio permanente 
de llenar agujeros,
de zurcir con hilo y aguja
tus dolores para que no se noten,
y de tu mirada llena de indicaciones
cuando la comida es poca
y la visita es mucha.

Y sé que quizás cada vez que me voy,
mientras yo me despido de los amigos,
me armas el bolso a escondidas,
dejando tu tristeza afuera para que nada
demore mi vuelo.

Y también sé,
que cuando haces así con la mano desde la reja,
sonriendo como si mi partida no importara,
por dentro estas llena de temores,
de esos miedos bien maternos.

Por eso, cada vez que me voy de casa,
y dejo atrás el pueblo, 
con esta necesidad nómade de 
seguir buscando eso que no sé que quiero
(y que a vos te gustaría encontrar para mi,
si supieras que es lo que quiero),
yo me voy lleno.

Y me llevo milanesas,
y me llevo berenjenas,
y me llevo un nudo en el pecho
por cada uno de tus gestos,
por tu amor que tanto da en silencio, 
y me llevo,
sobre todo me llevo,
tu forma de regalarme
libertad todo el tiempo.



viernes, 15 de enero de 2016

Astronauta

Cuando ya me había acostumbrado a la tierra,
cuando andaba con los pies bien pegados al piso,
con los pasos seguros,
y la semana empezaba los lunes
y terminaba los domingos,
venís vos y me lanzas al espacio.

Cuando ya no me importaba la astronomía,
ni soñaba con pisar Marte, 
ni contaba días,
ni extrañaba la luna,
venís vos y me pones a gravitar.

 Quiero decir,
apareciste con tu sonrisa escafandra,
y me pusiste a flotar todo el día,
a saltar de estrella en estrella,
convirtiendo tu presencia en oxígeno,
y perdiendo toda noción de tiempo.

Y así ando,
 pisando nubes, 
mientras mis amigos me buscan en Saturno, 
y yo que te miro,
sonrío,
y floto,
levitando en una galaxia con tu nombre,
 entendiendo que me había acostumbrado a la tierra
como un niño frustrado
que creyó imposible llegar al cielo. 

Hasta que llegaste vos con tu abrazo propulsor,
con tu amor sideral,
y me convertiste para siempre
en astronauta. 
.




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Brújula

La mayoría del tiempo no sé.
Me despierto sabiéndome ignorante.
Como si los días fueran un constante limpiarse lagañas,  
buscando entender porqué el horizonte está casi siempre en otra parte.

Y no lo digo con pesar,
no lamento en lo más mínimo 
no tener la certeza de a donde me estoy dirigiendo,
esto de andar la vida con la brújula rota. 

Aunque haya veces,
muchas veces,
que tirado en la cama con dolor de espalda,
me pregunto porqué carajo esa decisión,
esta manía de vivir buscando
respuestas a las preguntas equivocadas,
esta impresión de ser extranjero
mío todo el tiempo.

Como si cierta incertidumbre me escindiera
y procurára hundirme en el olvido 
de las historias que construyeron mi historia,
como si eso que algunos llaman presente,
fuera consecuencia de causas que yo ignoro. 

Entonces otro año termina
de desnudarse,
y los inútiles balances intentan
repetir sus argumentos,
detenerse en el puñado de logros
 en la proliferación de faltas,
con esa capacidad neurótica de tenerme lastima
y sentirme victima porque no corrí con mejor suerte.

Y cuando me encuentro en ese ejercicio,
en el de revolcarme en mis desgracias,
acudo al espejo que son los otros,
y ese espejo retrovisor abunda en rostros profundos, 
en miradas cómplices,
en gestos cotidianos para combatir la indiferencia,
en la camaradería de aquellos a quienes nos duele
la estupidez del mundo,
en sonrisas sencillas,
en vasos llenos de vino,
en abrazos que son respuestas.

Entonces uno entiende, 
las historias que son mi historia
bombean mi sangre, 
una profunda gratitud me abriga,
como si en ese instante la vida
fuera un grito lleno de sosiego.

Y la espalda ya no duele tanto,
la brújula encuentra el norte, 
la alegría es horizonte,
y balbuceo todas estas efímeras palabras 
para significar de algún modo
esta constante necesidad de darles las gracias,
por los dolores bien merecidos,
por los errores compartidos,
por multiplicar caminos,
por la inmensa generosidad
de equivocarse conmigo.

Salud Amigxs!











,

Tal vez

Yo sé que vos tal vez esperabas otra cosa.
Que te gustaría la luna, 
que te hable del amor infinito,
y que le ponga tu nombre a una estrella
mientras miramos el cielo.

Yo sé que tal vez te gustaría escuchar más certezas 
de mi boca,
que describa una pasión arrolladora,
y te haga promesas de amor eterno.

Pero nada de eso hoy me nace.
Es que ya intenté bajar muchas lunas,
ya dilapidé estrellas mal bautizadas,
ya prometí infinitos con la pedante juventud
de creer saberlo todo. 

Pero hoy no puedo, 
hoy no quiero.
Y como no puedo regalarte nada de eso,
como algo de mí aprendió que el amor
merece más gestos y menos juramentos,
te ofrezco este amor sin pretensiones.

Porque aunque no te pueda bajar la luna,
puedo apoyarte mi mano en la panza 
mientras esperamos que el dolor se vaya.
Aunque ya no pueda prometer el infinito,
puedo preparar el mate cuando andás cansada,
y llenarte de besos la cara cuando me contás 
como te entristece el sufrimiento ajeno.

Ya no puedo asumir la prepotencia de
amar para siempre, 
No puedo exigir que vengas a completar mi mundo, 
pues quizás el pasado nos enseñó a ambos
que el amor es más sano
cuando se asume incompleto.

Yo sé que tal vez esperabas otra cosa, 
una pasión que desborde,
un futuro concreto
y que probablemente no sea el hombre de tus sueños,
pero ya no sé prometer lo que no tengo, 
entonces te ofrezco este calor sincero,
un abrazo buscapina cuando te haga falta,
una mirada atónita cuando sonreís en silencio.
te regalo este amor modesto,
y estas ganas profundas
de querer verte reír todo el tiempo.





















lunes, 30 de noviembre de 2015

Sueño

Freud decía que el
sueño era el guardián del deseo,
la forma que el inconsciente encuentra
para cuidar nuestro dormir.

Y son de esas frases que 
uno nunca termina de entender del todo,
y entonces voy y te sueño.

Estamos ahí en un sillón viejo, 
acurrucados charla que te charla, 
cómplices otra vez,
deseándonos desde palabras
que eran también caricias,
 vos afirmando
que el amor era cultural, 
yo contradiciéndote,
defendiendo ideas que no creo
sólo para para cruzar una pierna
entre la tuya
hasta hacernos un nudo.
Y que vos te rías
besándome la nariz,
y yo te devuelva
otro en el cuello
para quedarnos abrazados
con ese calor que solo
los cuerpos hablan. 

Y después esos saltos
que a los sueños tanto le gustan.
Vamos caminando de la mano por el barrio de mi infancia,
como una imagen cliché de esas que siempre evitamos,
creyéndonos originales,
 sin saber que el amor es acaso
 la más genuina de las vulgaridades.

Vos me contas de tus ganas de irte al extranjero,
y yo siento miedo,
y nos abrazamos fuerte
como tantas otras veces,
y un amigo cuyo rostro ignoro nos saca una foto,
acaso resumiéndolo todo.

Me despierto con ese calorcito en el aire,
con la sensación de que quizás Freud tenía razón,
y que el sueño cuida aquello que tan bien nos hizo,
que el inconsciente también tiene su manera de defenderse,
de llevarnos otra vez a brazos que quisimos mucho,
y entonces me apuro a cerrar los ojos de nuevo,
antes que el calorcito se vaya,
con ganas,
mucha ganas,
de que me des otro beso en la nariz. 




  














lunes, 23 de noviembre de 2015

Lo Político

Hoy amanecí triste, sabes.
Pero es una tristeza rara,
una tristeza nueva,
una tristeza extranjera.

Y me siento a buscar su génesis,
a ponerle palabra a esta nudo antiguo
que hoy tiene otra forma, y 
quizás alcanzo a comprender. 

Porque de todas las tristezas
que he explorado, nunca
en todos estos años había
conocido la tristeza política.

Déjenme ser más claro, 
no es que sea tan joven pero 
es la primera vez que
mi deseo es no correspondido,
porque para ser más exacto
era la primera vez que tenia
un deseo político.

Y absténganse los psicoanalistas
y los amigos militantes, 
de acusarme con el dedo.
Porque les guste o no les guste,
lo político se ha hecho carne
y palabra en muchos de nosotros,
que hemos crecido creyendo
que la política estaba siempre en otra parte. 

Entonces veo a mi sobrina 
preocupada por la masacre en Siria,
y veo a la juventud levantando sus banderas,
y veo a mucho de nosotros defendiendo derechos
conquistados, 
y veo también a muchos de nosotros, 
pidiendo un cambio
y veo a muchos de nosotros eligiendo el blanco.

Y digo nosotros, porque no creo
en eso de que los malos sean los otros,
siempre pero siempre se trata de nosotros,
y aunque me aterren los globos sin sentido
aunque me de miedo el amarillo 
vació de contenido, 
y sienta que hablan de democracia
 con el odio en los bolsillos,
no te diré facho, gorila, ni cipayo.
No usare ningún adjetivo que
te encierre ni te excluya de tomar un mate conmigo,
pues sinceramente creo que el enemigo
sigue siendo el capitalismo. 

Pero si defenderé el derecho a esta tristeza,
esta paradójica tristeza que enuncia una alegría,
la del deseo no correspondido,
la de por primera vez
sentir el desamor político.

Y esa metamorfosis como pueblo
esgrime otro sentido,
pues no podrán ya privatizar la esperanza,
no podrán ponerle rejas a la poesía
ni podrán exportar la militancia.

Esto no es el fin de nada.
Quizás sea apenas el reinició
 de un recorrido,
ese que hace varios años 
las botas quisieron ver extinguido. 

Nos han devuelto a muchos
 el amor a lo político,
ese fue el cambio con contenido,
y el más amoroso de los caminos.















martes, 10 de noviembre de 2015

Gol

Así como andás ahora en las canchas
de fútbol, 
proyectándote y apareciendo 
por el lateral,
apareciste en mi vida. 

Es decir, apareciste por el costado,
cuando ya no te esperaba,
porque yo era el menor de los hijos
y con mis dieciocho años
nada indicaba que iba a tener un hermano menor.

Pero sí, viene papá y me dice que voy a tener
un hermano, y un reflejo egoísta me invadió,
una absurda sensación de incertidumbre ante 
ese nuevo horizonte que se me habría.

Y en el aprendizaje constante de los días
entendí el mensaje vital que había en todo esto, 
porque la vida me ofrecía la oportunidad de hacer
lo que otros hicieron conmigo, 
de ser hermano mayor y cuidar de vos,
como mis hermanos lo hicieron conmigo.

Y entonces llegaste hermoso y sereno,
como hasta ahora, 
siempre con una sonrisa,
un gesto educado,
en silencio, 
intentando quizás hacer el menor ruido posible.

Y fuimos construyendo nuestro lazo,
pese a las circunstancias que nos mantuvieron
en distintas casas,
intentando estar presente todo lo posible, 
mientras vos crecías y me enseñabas
a tener un hermano menor. 

Y ahora que han pasado dieciséis años ya,
dieciséis años desde que papá nos dió la noticia,
y mi estómago se hizo un nudo egoísta,
agradezco profundamente tu existencia,
la curiosa manera que la vida encuentra
para mostrarnos siempre cuán ignorantes somos,
agradezco tus preguntas que me hacen sentir importante,
aunque no tenga casi ninguna de las respuestas, 
la confianza que depositas en mí para contarme de tus alegrías
y tus tristezas,
y sobretodo agradezco cada abrazo cómplice que nos damos,
con la boca llena de gol,
la excusa perfecta para seguir eligiéndonos.