martes, 2 de febrero de 2016

Advertencia

Si iba a ser así, 
Si yo iba a andar con esta cara,
si te me ibas a meter todo el día en los ojos,
si iba a andar a los tropiezos.
me hubieses avisado antes.

Si iba a ser así,
si iba a andar falto de sueño,
si iba a mirar setenta y siete veces
por minuto el celular,
si iba a llegar tarde a todos lados,
me hubieses avisado antes. 

Si iba a ser así,
si iba andar como asfixiado,
contando las horas para verte,
preso de una ansiedad infantil,
casi sonámbulo
me hubieses avisado antes. 

Si iba a ser así,
si te ibas a volver una urgencia,
una compulsión por rascarme con tus manos,
una intensidad que desborda,
me hubieses avisado antes.

No pedía mucho,
un aviso,
un susurro, 
una sugerencia amable, 
un poco de honestidad,
una advertencia
de que serias demasiado.

Quiero decir,
tal vez deberías andar con un cartel de precaución a cuestas,
como una señal al costado del camino,
o un prospecto,
una letra chica,
cualquier información que advierta
los riesgos de enamorarse de vos.

 Porque ahora ya es tarde,
es inefable,
ahora ya estas debajo de mi piel,
y no hay advertencia posible,
ahora ya estoy moroso por tu lengua,
no hay forma de sacarte de adentro mio,
ahora estoy desnudo.

Entonces quizás podría
haber elegido,
creer que tenia decisión en todo esto,
que fue un voluntario acto,
y no sentir como ahora,
que fui arrasado por completo,
que soy una voluntad pendiente de la tuya,
que espera sin opción alguna
 todos  y cada uno de tus gestos.
















Los otros

Yo se que a vos no te importa,
que quizás hasta lo festejas.
Que para vos quinientos
puesto de laburo de un lado,
doscientos de otro,
y los ciento cincuenta mil que suman
en total son solo un número.
Que atrás de eso no ves rostros ni historias.

Sé que también pensas que
seguro no fueron treinta mil,
que eso fue un verso,
y que los derechos humanos son un curro.

Y sé que ahora es más fácil decir
que son todos lo mismo,
que al final son todos chorros,
y que soles confundir la política
con lo político.

Que vos sos un tipo hecho y derecho,
vos pagas tus impuestos
 que a vos nadie te regaló nada,
y que te ganaste todo solito.

Sé que te gusta decir ñoquis,
negros, vagos, o
choriplaneros.
Que escupís tu veneno,
todos los adjetivos aprendidos
 para anular al otro, 
ese que no tiene nada que ver con vos,
y te tiras a mirar la tele
para ver lo que no pasa.

Sé que vos queres un estado
eficiente y eficaz,
que elimine la grasa que le sobra,
un estado rubio y blanquito,
como cada vez que te miras en el espejo.

Sé que queres un país normal,
y que vuelva al mundo,
porque te han enseñado
que la normalidad es europea.

Y sé que cuando te toque a vos,
y te peguen en el bolsillo,
que es el único sentimiento que te duele,
repetirás "piquete y cacerola la lucha es una sola",
y cuando la cosa se te acomode,
los piqueteros serán otra vez "los negros"·

Y sabé también que tu odio
no es tuyo,
que sos lo que han hecho de vos,
y que cuando eso pasé,
y el enojo se te vuelva tristeza,
estaremos para abrazarte,
con la esperanza de que la próxima vez
entiendas que los otros,
siempre fuimos nosotros.  











viernes, 22 de enero de 2016

Razones para no ir al peluquero

Hace días que ando con ganas de cortarme el pelo.
Ya me cuesta peinarlo, los rulos andan desprolijos  
y siento que tengo un plumero en la cabeza. 

Y cada vez que lo digo, 
cada vez que te lo cuento, 
vos me decís que no. 
Que te encantan mis rulos,
 que estoy bien así, 
entonces dudo y finalmente lo postergo.  

Pero resulta que después voy a trabajar, 
o ando por la calle, 
me miro en algún espejo 
y otra vez me vuelve la idea 
de que tengo que cortarme el pelo. 

Desde hace días ando así. 
Esta burguesa sensación de que tengo un plumero 
que muere en el mismo instante que me decís que te gusta así, 
y me acaricias el pelo, 
y tus dedos se ponen a jugar en mi cabeza. 

Y recién,
mientras el espejo de un ascensor
 me devolvía otra vez a la certeza de que tengo el pelo hecho un caos, 
miré mi imagen desprolija,
y comprendí que era un idiota.
Que no sabía el error que acaso estaba por cometer 
por culpa de este narcisismo obsoleto. 

Porque no es cierto que quiera cortarme el pelo,
pues yo no necesito ninguna prolijidad que prescinda de tu mirada, 
lo que yo quiero, 
lo que yo realmente quiero, 
es ser visto por tus ojos todo el tiempo, 
esos cuya miopía me ven hermoso pese a mis faltas, 
y ser acariciado por tus manos, 
esas pequeñas manos 
que hace días eligen acariciarme el pelo
hasta que nos llega el sueño.

Milanesas

A Mamá
Yo sé que no puedo manifestar
deseo sin que intentes satisfacerlo,
y que siempre estas ahí pendiente,
incluso cuando aparentas no hacerlo.

Yo sé que te pido milanesas
y al otro día las tengo,
o digo al pasar como me gustan
tus berenjenas, y al rato nomas,
tengo un frasco lleno.

Sé de tu ejercicio permanente 
de llenar agujeros,
de zurcir con hilo y aguja
tus dolores para que no se noten,
y de tu mirada llena de indicaciones
cuando la comida es poca
y la visita es mucha.

Y sé que quizás cada vez que me voy,
mientras yo me despido de los amigos,
me armas el bolso a escondidas,
dejando tu tristeza afuera para que nada
demore mi vuelo.

Y también sé,
que cuando haces así con la mano desde la reja,
sonriendo como si mi partida no importara,
por dentro estas llena de temores,
de esos miedos bien maternos.

Por eso, cada vez que me voy de casa,
y dejo atrás el pueblo, 
con esta necesidad nómade de 
seguir buscando eso que no sé que quiero
(y que a vos te gustaría encontrar para mi,
si supieras que es lo que quiero),
yo me voy lleno.

Y me llevo milanesas,
y me llevo berenjenas,
y me llevo un nudo en el pecho
por cada uno de tus gestos,
por tu amor que tanto da en silencio, 
y me llevo,
sobre todo me llevo,
tu forma de regalarme
libertad todo el tiempo.



viernes, 15 de enero de 2016

Astronauta

Cuando ya me había acostumbrado a la tierra,
cuando andaba con los pies bien pegados al piso,
con los pasos seguros,
y la semana empezaba los lunes
y terminaba los domingos,
venís vos y me lanzas al espacio.

Cuando ya no me importaba la astronomía,
ni soñaba con pisar Marte, 
ni contaba días,
ni extrañaba la luna,
venís vos y me pones a gravitar.

 Quiero decir,
apareciste con tu sonrisa escafandra,
y me pusiste a flotar todo el día,
a saltar de estrella en estrella,
convirtiendo tu presencia en oxígeno,
y perdiendo toda noción de tiempo.

Y así ando,
 pisando nubes, 
mientras mis amigos me buscan en Saturno, 
y yo que te miro,
sonrío,
y floto,
levitando en una galaxia con tu nombre,
 entendiendo que me había acostumbrado a la tierra
como un niño frustrado
que creyó imposible llegar al cielo. 

Hasta que llegaste vos con tu abrazo propulsor,
con tu amor sideral,
y me convertiste para siempre
en astronauta. 
.




miércoles, 30 de diciembre de 2015

Brújula

La mayoría del tiempo no sé.
Me despierto sabiéndome ignorante.
Como si los días fueran un constante limpiarse lagañas,  
buscando entender porqué el horizonte está casi siempre en otra parte.

Y no lo digo con pesar,
no lamento en lo más mínimo 
no tener la certeza de a donde me estoy dirigiendo,
esto de andar la vida con la brújula rota. 

Aunque haya veces,
muchas veces,
que tirado en la cama con dolor de espalda,
me pregunto porqué carajo esa decisión,
esta manía de vivir buscando
respuestas a las preguntas equivocadas,
esta impresión de ser extranjero
mío todo el tiempo.

Como si cierta incertidumbre me escindiera
y procurára hundirme en el olvido 
de las historias que construyeron mi historia,
como si eso que algunos llaman presente,
fuera consecuencia de causas que yo ignoro. 

Entonces otro año termina
de desnudarse,
y los inútiles balances intentan
repetir sus argumentos,
detenerse en el puñado de logros
 en la proliferación de faltas,
con esa capacidad neurótica de tenerme lastima
y sentirme victima porque no corrí con mejor suerte.

Y cuando me encuentro en ese ejercicio,
en el de revolcarme en mis desgracias,
acudo al espejo que son los otros,
y ese espejo retrovisor abunda en rostros profundos, 
en miradas cómplices,
en gestos cotidianos para combatir la indiferencia,
en la camaradería de aquellos a quienes nos duele
la estupidez del mundo,
en sonrisas sencillas,
en vasos llenos de vino,
en abrazos que son respuestas.

Entonces uno entiende, 
las historias que son mi historia
bombean mi sangre, 
una profunda gratitud me abriga,
como si en ese instante la vida
fuera un grito lleno de sosiego.

Y la espalda ya no duele tanto,
la brújula encuentra el norte, 
la alegría es horizonte,
y balbuceo todas estas efímeras palabras 
para significar de algún modo
esta constante necesidad de darles las gracias,
por los dolores bien merecidos,
por los errores compartidos,
por multiplicar caminos,
por la inmensa generosidad
de equivocarse conmigo.

Salud Amigxs!











,

Tal vez

Yo sé que vos tal vez esperabas otra cosa.
Que te gustaría la luna, 
que te hable del amor infinito,
y que le ponga tu nombre a una estrella
mientras miramos el cielo.

Yo sé que tal vez te gustaría escuchar más certezas 
de mi boca,
que describa una pasión arrolladora,
y te haga promesas de amor eterno.

Pero nada de eso hoy me nace.
Es que ya intenté bajar muchas lunas,
ya dilapidé estrellas mal bautizadas,
ya prometí infinitos con la pedante juventud
de creer saberlo todo. 

Pero hoy no puedo, 
hoy no quiero.
Y como no puedo regalarte nada de eso,
como algo de mí aprendió que el amor
merece más gestos y menos juramentos,
te ofrezco este amor sin pretensiones.

Porque aunque no te pueda bajar la luna,
puedo apoyarte mi mano en la panza 
mientras esperamos que el dolor se vaya.
Aunque ya no pueda prometer el infinito,
puedo preparar el mate cuando andás cansada,
y llenarte de besos la cara cuando me contás 
como te entristece el sufrimiento ajeno.

Ya no puedo asumir la prepotencia de
amar para siempre, 
No puedo exigir que vengas a completar mi mundo, 
pues quizás el pasado nos enseñó a ambos
que el amor es más sano
cuando se asume incompleto.

Yo sé que tal vez esperabas otra cosa, 
una pasión que desborde,
un futuro concreto
y que probablemente no sea el hombre de tus sueños,
pero ya no sé prometer lo que no tengo, 
entonces te ofrezco este calor sincero,
un abrazo buscapina cuando te haga falta,
una mirada atónita cuando sonreís en silencio.
te regalo este amor modesto,
y estas ganas profundas
de querer verte reír todo el tiempo.