sábado, 28 de marzo de 2020

Pausa

Sigo en la cama asombrado por la luz que asoma por la ventana.
Debe ser eso que llamábamos sol.
No puedo ni  leer,
sostener la mirada en un párrafo se me torna insoportable.
En la televisión parecen disfrutar del goteo permanente
de nuevos infectados.

Las gatas se acuestan a mis pies agotadas de mi presencia,
escribir se parece a este balbuceo que nada dice,
y cientos de mensajes me invaden sobre lo que debo hacer.

Libros que debo leer,
películas que no me puedo perder,
ejercicios para cuidar mi cuerpo,
y lo saludable que debo comer. 

Órdenes disfrazadas de consejos,
moralizaciones en forma de tips,
formas de escapar de esta pausa del mundo.
Pero yo no quiero escapar.

No tengo apuro por volver a mi vida de antes,
ni ansiedad por lo que vendrá después.
Quizás este silencio venga a decirnos algo,
quizás no.
De lo que si estoy seguro es de
que no quiero sentir culpa por mi quietud.

Quiero decir,
no buscaré estrategias para evadir la angustia,
no accederé
-otra vez-
al mandato del tú puedes.
Flotaré en la incertidumbre.

Si,
Los días seguirán repitiendo
su lenta monotonía,
y mi deseo tendrá su propia curvatura.
Sospecho que hay algo profundo en ello. 
 
Ya habrá tiempo para moralejas
y conclusiones.
Mientras tanto seguiré mirando por
la ventana la luz que asoma.
Es todo que hoy me hace falta.




lunes, 16 de marzo de 2020

Orgullo

No me arrepiento de nada,
todo me trajo hasta acá,
dijiste.

Yo recordé todas las veces
que no estiré la mano,
que miré para otro lado,
que hice silencio
cuando había que hablar.

Estoy orgulloso de mi pasado,
soy lo que soy gracias a eso,
se llama experiencia,
ya me vas a dar la razón,
continuaste.

Yo pensé en que la experiencia
no es sinónimo de virtud,
que la crueldad también tiene historia,
que el orgullo no depende de la propia
mirada sino de la de los demás,
y que antes que la razón,
prefiero la gratitud.

La vida es así,
el remordimiento es de mediocres,
es vulgar,
cerraste y me guiñaste un ojo.

Yo quise decirte
que me prefiero mediocre a miserable,
que lo vulgar, como el amor,
es lo que pertenece a la gente común,
y que quizás la vida es una responsabilidad
no una justificación,
pero no te dije nada.

Te estabas sacando una selfie.











Todos

Deberse al cuidado del otro.
Toda una parajoda en nuestros tiempos.
La libertad individual,
el yo quiero,
supeditado al yo debo,
al bien común.

Quizás esa sea una de las cosas que tanto asusta:
Somos como cualquiera.
No se trata de ellos,
o nosotros,
de pronto el riesgo nos acosa a todos.

Lo vulgar
-dice el diccionario-
es aquello que pertenece a la gente común.
Es decir, al parecer,
la meritocracia no evitaría el contagio.

Y es duro para algunos aceptar esa vulgaridad.
Saberse del montón.
incorporar palabras como comunidad,
prevención,
conciencia social.

Por eso tal vez la resistencia
de acatar las políticas sanitarias,
de postergar lo uno por lo otro,
por el otro.
Y más allá de la infoxicación
-como dice un amigo-,
ya no se trata de lo que queremos,
sino lo que debemos.

Claro que el riesgo
es mayor para los excluidos de siempre.
La vejez vulnerable,
la pobreza sin acceso,
la marginalidad de los
que viven al margen.

Y no sé si aprenderemos
algo de todo esto,
si hay moraleja posible,
pero quizás, apresurandome,
me quedo con una:
Es el miedo, no el amor,
la forma encuentramos para preservarnos.

Y hasta que esa ecuación no cambie,
mientras el pánico individual
se imponga a la solidaria comunidad,
no habrá vacuna con la cual defenderse.


















lunes, 2 de marzo de 2020

Recaída

Fue dura la abstinencia.
El cuerpo me temblaba.
lloraba a diario,
algunos amigos se cansaron
de mis mentiras,
mis recaídas,
hasta yo dudé de mi,
pero hoy puedo decir
que estoy limpio.

Sí, estoy limpio.
Fueron setecientos días.
Siento que merezco mi medalla.
y el aplauso del grupo de
neuróticos anónimos.

Ya no entro a tu muro,
no miro tus historias de instagram,
ni tu última hora de conexión.
Ya no paso por el bar donde
nos conocimos,
ni me tomo el colectivo
para ir a nuestra plaza.
Apenas si te sueño.

Y ahora que ya no te siento en mi cuerpo,
ahora que pasaron los temblores,
y la sed insoportable por verte,
ahora que finalmente me desintoxiqué,
siento que es hora de volver a intentarlo.

Pero quizás antes,
debería mandarte este mensaje por privado.
Si, eso.
Entrar un segundo por un instante a tu muro.
Ver una foto,
una sola,
mandarte este mensaje.

Aunque ahora me duela la panza
viéndote sonreír en esa playa,
y me transpiren las manos mientras te escribo,
y me vuelva a preguntar por qué,
y le diga a mi amigo que estoy en casa
mientras me subo al colectivo,
y me siento en nuestro banco de la plaza
con la esperanza de cruzarte,
y me repita temblando que fueron
casi setecientos días sin pensar en vos.














martes, 18 de febrero de 2020

Red

Mamamos la hostilidad como lazo,
el éxito como horizonte,
el mérito como mandato
y creímos,
de verdad creímos,
que el mundo estaba hacía adelante.

Nos dijeron progreso,
futuro,
y desarrollo individual.

No nos hablaron
de la mamífera necesidad de ser manada,
de la ternura que cabe en un gesto,
ni de los infinitos otros
que nos habitan. 

Nadie nos dijo de la fragilidad
de los cuerpos,
de las múltiples formas
que encuentra el deseo,
y que el fracaso es un invento
de la moral.

Y claro que duele
el tiempo perdido,
la violencia derramada,
las vidas mutiladas,
en nombre de un individuo
que no existe.

Pero quizás todavía estemos
a tiempo de mirar a nuestros lados,
de entender que nadie crece
para arriba,
sino hacia sus costados.

Quiero decir,
una ética horizontal.
Siendo nudos con
el de la lado,
porque nadie sana solo.

Un red invisible
de lazos que nos sostienen
y nos alojan.
Pura multiplicidad.

Si, una red.
Trapecistas cayendo en picada
seguros de la mano
que vamos a encontrar.









 









lunes, 17 de febrero de 2020

Arterias

La cardióloga me dijo que si seguía así, me iba a morir joven.
-La hipertensión es un asesino silencioso -agregó.
Me pareció una metáfora exagerada.
Después me explicó el funcionamiento del corazón:
-Tiene el tamaño de un puño y es un músculo hueco.
Quise detenerla y decirle que eso era una imagen hermosa, pero no me animé.
-Las venas traen sangre al corazón, y las arterias la llevan al resto de los órganos -siguió.
-Como las personas -interrumpí .
Me miró molesta.
-Quiero decir, están las que llevan sangre para sí, digamos, las personas vena y están las que bombean sangre para las demás, las personas arterias. ¿Usted se considera vena o arteria? -pregunté.
Esta vez la doctora no me miró.
-Dos a la mañana, dos a la noche y nada de sal -dijo mientras me acercaba un blíster con pastillas.
Seguro es una vena, pensé mientras cerraba la puerta del consultorio.

La vida

La vida, el tiempo,
el amor, el Otro, 
la verdad, la patria,
el universo, la muerte...
Como si fueran abstracciones 
que miramos desde una ventana. 

Como si nombrar
la vida así:
vaga,
genérica,
universal,
fuera más fácil
que responder por la nuestra.
Esa pequeña,
vana,
concreta,
falaz.

Quiero decir,
no creo en eso de que el tiempo
acomoda las cosas.
Eso dependerá de cómo narremos
nuestras horas.

No es en nombre de la verdad
que nuestras mentiras serán absueltas
y no es hablando de los otros
que podemos escapar del yo.

Si,
no es la vida.
Es mi vida.
No es el universo a favor
o en contra,
es mi torpeza y mi indecisión.

No es la patria,
es la miseria
adentro y afuera
de mi casa.

No es la muerte,
es el miedo latente
a no haberme vivido lo suficiente. 
No es el amor,
es todo lo que me pasa
cuando estoy con vos.