jueves, 21 de enero de 2021

Ausencia

De ocho a trece estoy cubierto con el trabajo,

-horario reducido-.

nunca trabajé con tantas ganas. 

Llego a casa y me preparo un almuerzo saludable

de esos en los que no creo.  

Dicen que la cocina es terapéutica.


Como dormir hace tiempo es muy difícil,

suspendí las siestas. 

Así llegás más cansado a la noche,

dijo el psicólogo.  

Así que me anoté en un curso de guión por Internet.

Es bastante malo, 

pero con eso tiro hasta las cinco de la tarde.

La hora en la que empieza el verdadero peligro. 


Compré veinte litros de pintura blanca

y empecé por nuestra habitación. 

Bueno, perdón, mi habitación.  

Pintar era más complejo de lo que pensaba. 

Eso es bueno. 


Con la hipertensión como coartada,

decidí salir a trotar por la ciudad.

Todos los días una hora.

Justo yo que siempre me burlé los runners. 

Correr no es recomendable.  

Te hace pensar,  

y yo no quiero pensar. 


A la cena llegó bastante cansado, 

buscó recetas en Youtube,

me abro un vino, 

y pongo a descargar una película. 

Un clásico, alguna pendiente. 

De esas raras que vos detestabas.


Ya para la media noche con un par

de botellas encima, 

me tomo una pastilla, 

y le doy play. 

A veces, si tengo éxito,

me duermo antes de terminarla.   


Eso así, antes, siempre,

pongo la alarma a las siete y diecisiete. 

-sabés que odio los números pares- 

entro a nuestro último chat, 

miro el lado vacío de la cama. 

Pienso en el día de mañana. 

En todo lo que haré ocupado por tu ausencia. 






 



martes, 22 de diciembre de 2020

Reciclado

Después de un tiempo 

la memoria aprende a defenderse. 

Se precipita sin vacilar 

sobre fragmentos de plenitud,

y somete al olvido

-frágilmente-

toda evocación de la tristeza. 


Un mecanismo maníaco,

un modo de detenerse en gestos amables,

instantes de bienestar, 

tiñendo de norma

aquello que fue pura excepción


Por eso quizás mi memoria

insiste en recordarnos así,

sonriendo y agotados 

en ese colchón de una plaza,

tomando el tren a un pueblo antiguo,

o en esa bicicleta de la que caímos 

tantas veces. 


Todo lo otro,

las miserias, 

el golpe bajo, 

el desencuentro lacerante,

la indiferencia abrupta, 

todo eso rara vez vuelve.  


Supongo que está bien así. 

Que es una forma de reciclarse.

Que toda potencia de futuro

se construye sobre ruinas 

a las que ya no queremos volver. 


Quizás por eso mi mente enterró

en lo mas profundo el dolor 

que nos causamos, 

y solo evoca, 

-cada vez con mayor intermitencia-

los breves momentos de sosiego que nos dimos.

De otro modo sería insoportable.

En mi presente no habitabas vos. 


    


 


viernes, 11 de diciembre de 2020

Nadie, nunca, jamás

Estaba convencido que si teníamos el por qué,

encontraríamos el cómo. 

Confiaba en que era cuestión de tiempo hasta

que vos encontraras tu manera. 

Juré que mi intensidad nos abarcaría. 


Claro que ahora sé que fue una estupidez. 

Que toda muerte llega después. 

Que hay momentos en que el yo

se pronuncia en nombre del nosotros,

y tuve la soberbia  de jurar que nadie,  

jamás, nunca, 

como yo.  


Ahora, con la memoria desteñida, 

solo queda decirte que lo creía en toda la piel.  

Y aunque vuelvas como ficción,  

yo no mentía, 

solo que las verdades cambian. 


No se trataba del cuánto,

ni del por qué. 

Siempre fue el cómo. 

Lleva una vida aprenderlo. 




lunes, 26 de octubre de 2020

Parecido no es lo mismo


Me enojaba tu obstinado silencio,

tu distancia preventiva

cada vez que decía que te necesitaba.


Había algo en mí que desesperaba 

cuando sonreías tímidamente, 

o pronunciabas cualquier otra palabra

excepto: yo también. 


Una de las últimas veces que nos vimos

-antes que te cansaras de mis repeticiones-

dijiste que había una sutil diferencia

entre necesitar y echar de menos. 


No sé dónde andarás ahora,

pero me gustaría decirte 

que me llevo tiempo entender

que el amor es una potencia y no una falta, 

que agoniza cuando nace de la necesidad 

y se multiplica cuando lo habita el deseo.     






domingo, 27 de septiembre de 2020

Mantra


El tiempo acomoda las cosas,

repetíamos como un mantra.  

Un modo cobarde de nombrar  

lo innombrable. 

Un eufemismo para escapar 

de nosotros mismos.   


Entonces los días siguieron con su trote monótono.

Los horarios pegados en la heladera, 

los gestos edulcorados,  

la mirada esquiva, 

la rutina como un revotril silencioso.


Aunque las cosas no se acomodaban,

repetíamos el mantra, 

Y la piel seguía distante, 

la complicidad trunca,

del deseo muerto, 

el futuro opaco.   


Al final, 

las cosas se nos vinieron encima,

escombros de lo no dicho, 

y solo bastó miramos fijo 

para aceptar que el tiempo 

siempre fuimos nosotros, 

sin fuerzas para sostener 

el amor que se derrumbaba.   

 



miércoles, 16 de septiembre de 2020

Baldosas


Cuando era  chico iba al almacén 

jugando a no pisar

las líneas de las baldosas,

pero siempre en algún momento perdía.

Entonces miraba para el costado asegurándome

de que nadie me viera,

y volvía a empezar.  


Cuando tiraba al aro en el patio de casa, 

prometía que si embocaba diez veces seguidas

mamá y papá dejarían de pelear. 

Nunca las embocaba, 

entonces cambiaba la reglas,

me permitía errar tres veces, 

Me daba otra oportunidad.


Me pasa ahora,

cuando sé que tengo que sentarme

a escribirte y no lo hago.  

Me invento una excusa.

busco algo me distraiga. 

me doy unos días.


Me hago trampa desde que soy chico.

No es por maldad,

así aprendí a defenderme.  

Quizás porque me duele no poder.  

Como aquel niño saltando entre baldosas,

permitiéndose una vida más.



martes, 1 de septiembre de 2020

para siempre

 Está bien, lo reconozco.

Yo dije que era para siempre.

¿Pero era aquello una mentira?


No. 

Todo mi cuerpo lo decía. 

Mis manos eran un ciempiés 

sobre tu espalda, 

cada paso, el primero. 

Y un Dios en el que ya no creo, 

sabe que era cierto.   


Si, yo dije que era para siempre

y no mentía. 

Por más que me advirtieras,

y lo negaras sonriendo,

y me trataras de ingenuo. 


Lo dije con la imprudencia

que da tanto futuro por delante.  

Con la confianza ciega

del que arriesga más de lo que tiene.  

Yo te dije que era para siempre,

aunque insistieras en que eso no existía,

aunque al final tuvieras razón.   


Lo dije y lo sostengo. 

Como lo hice aquella, 

y como lo hago cada vez. 

Con otra fuerza,

a otro rostro, 

a otra piel. 


Con la misma torpeza,

la misma esperanza,

la misma fe. 

¿O acaso hay otro modo?