martes, 21 de septiembre de 2021

Selfie

Me agotan ciertas urgencias.
La banalidad de lo inmediato.
El goce de la selfie permanente, 
el ego como todo punto de partida, 
el yo como espectáculo.

Me preocupa la tiranía del amor propio,
el mandato de abrazarse a si mismo
como quien se masturba, 
la intimidad como vidriera, 
el eco de la propia voz. 

Me frustra la salud como mercancía,
el amor en cápsulas blandas,
el tiempo como moneda,
el cuerpo moralizado,
el olvido del dolor ajeno. 

Y lo digo sin prepotencia,
con la tenue esperanza de subvertir 
el imperativo del espejo, 
de explorar la espesura de un rostro
que no sea el nuestro,
extraviados en un deseo 
que no necesita ninguna foto. 


 
 

 



 










domingo, 27 de junio de 2021

Kairós

Me preguntaste si había forma de recuperar 

los abrazos que no nos dimos.

Todo eso que perdimos bajo esta nube negra. 

Qué haríamos con toda esa potencia contenida puertas adentro,

con este presente suspendido en la esperanza de futuro que se demora. 


Como siempre, no supe que decirte.

Es que cuando te escucho suelo estar embobado,

como si todo lo que pudiera responderte fuera un balbuceo estéril. 

Me pasa desde chico con las personas que admiro.

Entonces hago silencio y espero. 

Algunos confundieron con inteligencia 

a esa forma de la vergüenza.  


Ahora que pasaron unos días,

ahora que puedo masticar tu pregunta que vuelve una y otra vez, 

me atrevo a decirte que no.

No podemos recuperarlos. 

No, si creemos en eso de la irreversibilidad del tiempo. 


Pero acaso tengamos una coartada. 

Una pequeña ventana para escaparnos 

de una vez por todas de Cronos. 

De esa carcelaria temporalidad que solo se mide

de manera lineal, continua, unívoca, hacia adelante.  

Esa que vacía el presente de sentido

hasta hacerlo desaparecer en nombre de lo que ayer fue,

o de lo que mañana vendrá.   


Quiero decir, 

quizás cuando la nube negra desaparezca, 

finalmente sea el tiempo del Kairós.

Entonces dejaremos de darnos por supuesto,

y nos detendremos en cada cesura,

en cada paréntesis, 

en la excepción de cada encuentro.   


Y todo abrazo será siempre un estreno,

y lo será cada vino,

cada mirada, 

cada conversación,  

y nos sumergiremos en el otro

como niños que juegan juntos por primera vez. 






 







   


lunes, 29 de marzo de 2021

Distancias

Uno se construye con lo que tiene a mano,

Nos aferramos a los que nos roza como a una bandera. 

Por eso los amigos son siempre los mejores,  

y el barrio funciona como una fe. 

Una lealtad -muchas veces absurda-  a lo que nos tocó.  


Pero entonces uno descubre que había otras patrias.

Otras miradas, otros rostros, otra verdad. 

Que, a veces, eso que está lejos, 

 -que no tiene nuestros modos, nuestras alegrías, ni nuestra piel-

también puede ser un destino.    


Lo que conocemos, 

lo que teníamos cerca,

el barro del que estamos hecho 

no es necesariamente una ventaja,

tampoco, 

una debilidad. 


Quizás, cercanía no es sinónimo de virtud. 

Hay distancias que vale la pena atravesar. 

Todo lo que no conocemos 

también puede ser un hogar.





viernes, 19 de febrero de 2021

Oferta y demanda

Era tan poco lo que te pedía. 

Apenas una mirada, 

un gesto frágil,

un pedacito de futuro. 


Era tan poco, 

una palabra temprana,

una coincidencia, 

una oportunidad genuina. 


Era tan poco, 

lo mendigué tantas veces, 

de tantas maneras, 

que me convencí que lo importante 

era lo que no me dabas, 

y no lo que yo ofrecía.  

  



   



jueves, 21 de enero de 2021

Ausencia

De ocho a trece estoy cubierto con el trabajo,

-horario reducido-.

nunca trabajé con tantas ganas. 

Llego a casa y me preparo un almuerzo saludable

de esos en los que no creo.  

Dicen que la cocina es terapéutica.


Como dormir hace tiempo es muy difícil,

suspendí las siestas. 

Así llegás más cansado a la noche,

dijo el psicólogo.  

Así que me anoté en un curso de guión por Internet.

Es bastante malo, 

pero con eso tiro hasta las cinco de la tarde.

La hora en la que empieza el verdadero peligro. 


Compré veinte litros de pintura blanca

y empecé por nuestra habitación. 

Bueno, perdón, mi habitación.  

Pintar era más complejo de lo que pensaba. 

Eso es bueno. 


Con la hipertensión como coartada,

decidí salir a trotar por la ciudad.

Todos los días una hora.

Justo yo que siempre me burlé los runners. 

Correr no es recomendable.  

Te hace pensar,  

y yo no quiero pensar. 


A la cena llegó bastante cansado, 

buscó recetas en Youtube,

me abro un vino, 

y pongo a descargar una película. 

Un clásico, alguna pendiente. 

De esas raras que vos detestabas.


Ya para la media noche con un par

de botellas encima, 

me tomo una pastilla, 

y le doy play. 

A veces, si tengo éxito,

me duermo antes de terminarla.   


Eso así, antes, siempre,

pongo la alarma a las siete y diecisiete. 

-sabés que odio los números pares- 

entro a nuestro último chat, 

miro el lado vacío de la cama. 

Pienso en el día de mañana. 

En todo lo que haré ocupado por tu ausencia. 






 



martes, 22 de diciembre de 2020

Reciclado

Después de un tiempo 

la memoria aprende a defenderse. 

Se precipita sin vacilar 

sobre fragmentos de plenitud,

y somete al olvido

-frágilmente-

toda evocación de la tristeza. 


Un mecanismo maníaco,

un modo de detenerse en gestos amables,

instantes de bienestar, 

tiñendo de norma

aquello que fue pura excepción


Por eso quizás mi memoria

insiste en recordarnos así,

sonriendo y agotados 

en ese colchón de una plaza,

tomando el tren a un pueblo antiguo,

o en esa bicicleta de la que caímos 

tantas veces. 


Todo lo otro,

las miserias, 

el golpe bajo, 

el desencuentro lacerante,

la indiferencia abrupta, 

todo eso rara vez vuelve.  


Supongo que está bien así. 

Que es una forma de reciclarse.

Que toda potencia de futuro

se construye sobre ruinas 

a las que ya no queremos volver. 


Quizás por eso mi mente enterró

en lo mas profundo el dolor 

que nos causamos, 

y solo evoca, 

-cada vez con mayor intermitencia-

los breves momentos de sosiego que nos dimos.

De otro modo sería insoportable.

En mi presente no habitabas vos. 


    


 


viernes, 11 de diciembre de 2020

Nadie, nunca, jamás

Estaba convencido que si teníamos el por qué,

encontraríamos el cómo. 

Confiaba en que era cuestión de tiempo hasta

que vos encontraras tu manera. 

Juré que mi intensidad nos abarcaría. 


Claro que ahora sé que fue una estupidez. 

Que toda muerte llega después. 

Que hay momentos en que el yo

se pronuncia en nombre del nosotros,

y tuve la soberbia  de jurar que nadie,  

jamás, nunca, 

como yo.  


Ahora, con la memoria desteñida, 

solo queda decirte que lo creía en toda la piel.  

Y aunque vuelvas como ficción,  

yo no mentía, 

solo que las verdades cambian. 


No se trataba del cuánto,

ni del por qué. 

Siempre fue el cómo. 

Lleva una vida aprenderlo.