martes, 27 de agosto de 2013

terapia

Puede ser que todo no sea más 
que repetición
tras repetición,
de errores pretéritos,
pero prefiero pensar que elegir
a veces duele. 

Puede ser,
y los manuales así lo afirman,
que no somos más que consecuencias de causas viejas,
sujeciones a reglas escritas por otros, 
pero elijo pensar que mi territorio
todavía te espera. 

Puede ser,
 como decía un profesor,
que la libido se divida en objetos parciales
elijo pensar que el amor
se multiplica en sujetos totales.

Y puede ser,
que nombrarte sea un fallido,
a mi me gusta pensar que de algún modo
es tu mensaje. 

Puede ser 
que la cura tenga una dirección,
que el duelo finalmente exista,
pero elijo pensar que la tristeza también sabe
y  no es compulsión el extrañarte. 

Puede ser
que mañana no me duelas y
la felicidad se halle adelante,
pero hoy prefiero esta renga necesidad de pensarte,
a la absurda y prepotente
salud de olvidarte.  






martes, 6 de agosto de 2013

Mientras

"Uno es lo que hace con lo que tiene" 
V. Frankl.

No quiero pensarnos mañana, no.
Me resisto a esa obsesión por el futuro.
De qué sirve saber si pasado mañana aún dormiremos juntos.
Qué sentido tiene saber si mañana seremos, 
cuando hoy estamos siendo.

Es decir, todas las cosas que quiero contigo Ciruela, las
quiero mientras.
Porque me resultan engañosas las preguntas del mañana.
Porque he aprendido de memoria a cruzar los dedos ante
la promesa de los para siempre.
Porque es imposible habitar lo que vendrá.

No existe el para siempre, Ciruela,
 esa vieja excusa del seremos, 
no hay nada allá adelante que no
podamos aprehender durante.
Quiero decir, hoy mis días se conmueven junto a los tuyos,
hoy somos mano apretada, 
beso desayuno,
piel polifónica,
hoy somos cama, nudo y silencio.
Entonces, ¿De qué sirve un mañana hecho de frases?

No, no existe el para siempre, Ciruela,
por eso no hablare de un amor ulterior,  
por eso no me escucharás jamás suponer lunas con miel,
nombres de hijos,
promesas a priori, 
trampas a posteriori,
amor premeditado. 

Nada de eso será por mi nombrado, 
toda mi promesa eterna será durante,
prefiero este mientras ignorante,
lo que vamos haciendo mientras somos, 
este cotidiano instante,
este amor gerundio,
elijo y te prometo este hoy inmenso y constante.  


  




jueves, 25 de julio de 2013

Cucheta

Sé que no lo elegiste, no al menos en principio.
Pero sabé que yo tampoco.
Fue por esos azares consanguíneos,
vos de hermano mayor, yo de hermano menor.
Entonces la cucheta claro, vos arriba, yo abajo,
en esa suerte de cama barco de la calle Los Pinos.

Y es curioso como nunca quisiste salirte de ahí.
Quiero decir, como toda tu vida te esforzaste en mantenerte cuidándome del mundo.
Arriba mío, para que todo te llegara antes por las dudas,
una suerte de paraguas, para que trajera lo que trajera la lluvia de la vida, 
vos lo recibas primero.
Un escudo protector por si la realidad amenazaba con lastimarme.
Vos siempre arriba mío, haciendo que todo me doliera menos.

Claro que sé que cuando tocábamos madera sin pata, 
o rezábamos a la par,
no era que vos creyeras mucho en eso, 
simplemente era otro pacto nuestro,
una complicidad hermana para hacerme sentir cuidado.

Y como nunca te gustaron mucho las palabras,
como nunca fuiste de grandes discursos ni consejos a priori,
te multiplicaste en gestos.
Una cueva de sabanas y alfombra azul en nuestro cuarto,
el billete entrando en secreto en mi bolsillo,
el básquet en el patio cuando las cosas se ponían feas en casa,
un bautismo aéreo a Buenos Aires,
el chocolate en mi mesita de luz,
viajes mate y mate a Bariloche,
un vínculo que trasciende toda sangre.

Y vos nunca sabrás lo que se siente tenerte arriba,
cuanta tranquilidad esta de sentirme por siempre cuidado,
y bien sé que estas palabras regalo nunca igualaran 
 tus gestos, 
la certeza de saber que duela lo que tenga que doler el mundo, 
o ría lo que tenga que reír la vida,
vos estarás arriba protegiéndome en la cucheta diaria,
vos siempre serás mi escudo,
mi paragolpes cotidiano,
mi hermano mayor
mi amuleto de la suerte.

Feliz Cumpleaños hermano,
toquemos madera sin pata,  
un, dos, tres, ya!









miércoles, 17 de julio de 2013

Naftalina

Van bajando así, como bolitas de naftalina,
quemando el esófago tímidamente, 
una manada de palabras constipadas,
chocándose entre si, 
irresolutas, yendo y viniendo con ese gusto a naftalina, 
a punto de saltar al vació de la lengua, 
de ponerle palabra y letra a ese saber sabido de ante mano, 
porque la miro y ya sabe, ya sabe lo que no le estoy diciendo,
y entonces esta acidez,
estas ganas de escupir una a una las bolitas de significantes,
de decírselo, de decirle todo lo que ya sé que sabe, lo que sabe que sé.  

Y ella que se retuerce, mariposa con sus labios temblando,
entonces le toco la panza porque sé lo que se siente,
una caricia anti acidez, 
un intento de digerir este bolo alimenticio que nos consume,
estas ganas ansiosas de decirlo todo de una vez, 
de vos sabés que yo también,
y es tan lindo verla dudar, mirándome con sus ojos color silencio,
con su estomago bicho bolita.

Y los dos nos miramos desde un saber epidérmico,
una conversación de piel, de poro y miedo. 
Y se nos van cerrando los ojos, y las bolitas de naftalinas
nos dan tregua, el esófago ya no arde tanto,
señal de que la acidez va pasando,
con mi mano en su panza, 
con su mirada discurso,
con este amor tan silencio. 







lunes, 8 de julio de 2013

Miedo

Es tan lindo Ciruela, tan caprichosamente real.
Verte ahí, dormida, acribillándome los ojos, 
esquivándome la mirada con tu vergüenza de piel desnuda.
Porque como todo fantasía, ésta quedó chica, 
 un talle menos que lo real,
despertándome con la tibia certeza de que habíamos lanzado la primer piedra.
Que vos la tiraste, claro, cansada tal vez de mis inocuas elucubraciones,
dándole inicio a un juego de carne y hueso,
de puente, sudor contra sudor,
de pieles cuyas geografías se recorren inseguras.  
Y ahora tengo miedo, tanto miedo, miedo de tener miedo, 
un metamiedo mirá, como un miedo a que todo el miedo
previo no haya sido suficiente.
Y de sopetón estas ahí, desnuda en mi cama
sin darme tiempo a preparar mis defensas lúdicas,
mis peros, mis tal vez, mis quizás.
Nada de eso... tiraste la piedra, y me dejaste así
con este miedo zonzo, miedo niño a esta bola de nieve
y lunares que se viene, con este enano saltándome en el
esófago, con esta sensación de pies calentitos,
de palabras tejidas para abrigarnos de un invierno demasiado largo
ciruela, 
 un invierno que empezó antes, mucho antes de que
vos me sonrieras por primera vez, 
y quizás por eso este miedo adolescente, 
miedo de perderme otra vez en migo mismo,
miedo de perderte cuando apenas te estoy encontrando, 
cuando apenas nos mordimos el labio, 
cuando sólo fueron unas galletitas y mate amargo, 
y vos sonriendo sin poder mirarme fijo,
haciéndome sentir demasiado importante, 
cuando debería ser yo el que no pueda mirarte, 
el que te dé las gracias sonrojado por haber tirado la piedra, 
 partiendo en mil astillas mi estúpida coraza
de palabras cobardes, arrancándome de cuajo de esta falsa seguridad 
solitaria, de este onanismo intelectual, llenándome de viejos miedos que 
creía extintos, volviéndome un cachorro humano que mueve la cola
esperando que lo dejes entrar  y que lo acaricies ciruela, 
sobretodo que lo acaricies. 



jueves, 4 de julio de 2013

Obstinación (segunda parte).

"Si la vida es una orgía lenta,
lo mejor debe estar por llegar"
Kevin Johansen. 

Probablemente pueda asustar un poco este anacronismo,
esta seguridad potencial.
Es que tengo la certeza de que todo ya sucedió de algún modo, ciruela.

Quiero decir, que aún no te haya mordido el labio,
que no te haya escuchado cantar bajo la ducha,
o que ni siquiera te hayas paseado semi denuda por mi cuarto,
es por única y exclusiva culpa del futuro perezoso,
de su dilación temporal

Pero debes saber que ya sucedió de todos modos, 
que aunque el futuro demore su llegada,
aunque el tiempo se obstine en postergar lo inevitable,
nosotros ya existimos, ciruela.

¿Es que no sientes ya que estamos leyendo el mismo cuento en la cama?
¿Acaso de verdad no ves cómo me sonrío cuando amaneces con 
el pelo hecho un caos?
¿Puede negar alguien que ya estamos caminando juntos de la mano,
mirando aburridas vidrieras, 
cómplices del absurdo de habernos querido desde hace tanto tiempo?

Y te pido disculpas si esto te asusta un poco,
pero me sobran pruebas de que esto sucederá de algún modo,
tengo fundamentos concretos para anunciarlo,
tengo tu gesto sonrojado cuando me miras de coartada,
tienes mi estómago hecho un nudo cuando me sonríes de testigo. 

Porque sabes tanto como yo, 
con ese tipo de certeza que es piel de gallina,
con una seguridad que quiebra la razón
y es pura, maciza y obstinada esperanza, 
que no podremos evitarlo, ciruela, 
que ni siquiera el máximo esfuerzo voluntario
podrá impedir el encuentro de mis manos con tu espalda,
de tus pelos con mis sabanas,
de todo tu vos, del todo conmigo,
porque todo esto ya ha sucedido,
solo que aún no lo hemos vivido. 

domingo, 30 de junio de 2013

Asimetría

¿De dónde surge esa insistencia por lo preciso?
¿Por qué esa manía por lo exacto?
Esa obsesión por los kilos y los centímetros,
esa violencia por lo simétrico,
esa absurda balanza existencial.

¿Por qué nos molesta la asimetría?
¿Por qué nos ofende lo que sobra o lo que falta?
¿Por qué el despertador a las 7.15?
¿Por qué nos duele lo que no encaja?

Como si la existencia tuviera las piezas exactas,
y una obstinada fuerza nos obligara a encastrarlas.
Como si el amor pesara setenta y dos kilos, y
la vergüenza midiera treinta y siete centímetros.

Pero ahí vamos,
llenando agujeros,
calculando odios,
eliminando diferencias,
homogeneizando rostros,
normalizando a los otros.

Como si naciéramos con una calculadora en la lengua,
como si tuviéramos un centímetro en los ojos,
como si nos equivocáramos puntualmente,
como si supiéramos la raíz cuadrada de la tristeza,
como si sintiéramos con regla de tres simples.

Si ignoramos cuánto pesa el sufrimiento,
si carecemos de horarios para la timidez,
si  no sabemos cuánto dura una angustia,
como se calcula la esperanza,
ni cuando muere un sueño. 

Entonces,
 ¿A quién le importa
el peso de una mirada,
cuánto mide un gesto,
o los segundos que dura un encuentro?.
Tal vez sea necesario
 dejar de calcularlo todo,
de medir faltas,
de dividir afectos, 
de restar virtudes,
de pesar los miedos.
Tal vez sea hora de
perdonar sin metros,
de temer sin dietas,
de amar sin tiempo.