lunes, 26 de octubre de 2020

Parecido no es lo mismo


Me enojaba tu obstinado silencio,

tu distancia preventiva

cada vez que decía que te necesitaba.


Había algo en mí que desesperaba 

cuando sonreías tímidamente, 

o pronunciabas cualquier otra palabra

excepto: yo también. 


Una de las últimas veces que nos vimos

-antes que te cansaras de mis repeticiones-

dijiste que había una sutil diferencia

entre necesitar y echar de menos. 


No sé dónde andarás ahora,

pero me gustaría decirte 

que me llevo tiempo entender

que el amor es una potencia y no una falta, 

que agoniza cuando nace de la necesidad 

y se multiplica cuando lo habita el deseo.     






domingo, 27 de septiembre de 2020

Mantra


El tiempo acomoda las cosas,

repetíamos como un mantra.  

Un modo cobarde de nombrar  

lo innombrable. 

Un eufemismo para escapar 

de nosotros mismos.   


Entonces los días siguieron con su trote monótono.

Los horarios pegados en la heladera, 

los gestos edulcorados,  

la mirada esquiva, 

la rutina como un revotril silencioso.


Aunque las cosas no se acomodaban,

repetíamos el mantra, 

Y la piel seguía distante, 

la complicidad trunca,

del deseo muerto, 

el futuro opaco.   


Al final, 

las cosas se nos vinieron encima,

escombros de lo no dicho, 

y solo bastó miramos fijo 

para aceptar que el tiempo 

siempre fuimos nosotros, 

sin fuerzas para sostener 

el amor que se derrumbaba.   

 



miércoles, 16 de septiembre de 2020

Baldosas


Cuando era  chico iba al almacén 

jugando a no pisar

las líneas de las baldosas,

pero siempre en algún momento perdía.

Entonces miraba para el costado asegurándome

de que nadie me viera,

y volvía a empezar.  


Cuando tiraba al aro en el patio de casa, 

prometía que si embocaba diez veces seguidas

mamá y papá dejarían de pelear. 

Nunca las embocaba, 

entonces cambiaba la reglas,

me permitía errar tres veces, 

Me daba otra oportunidad.


Me pasa ahora,

cuando sé que tengo que sentarme

a escribirte y no lo hago.  

Me invento una excusa.

busco algo me distraiga. 

me doy unos días.


Me hago trampa desde que soy chico.

No es por maldad,

así aprendí a defenderme.  

Quizás porque me duele no poder.  

Como aquel niño saltando entre baldosas,

permitiéndose una vida más.



martes, 1 de septiembre de 2020

para siempre

 Está bien, lo reconozco.

Yo dije que era para siempre.

¿Pero era aquello una mentira?


No. 

Todo mi cuerpo lo decía. 

Mis manos eran un ciempiés 

sobre tu espalda, 

cada paso, el primero. 

Y un Dios en el que ya no creo, 

sabe que era cierto.   


Si, yo dije que era para siempre

y no mentía. 

Por más que me advirtieras,

y lo negaras sonriendo,

y me trataras de ingenuo. 


Lo dije con la imprudencia

que da tanto futuro por delante.  

Con la confianza ciega

del que arriesga más de lo que tiene.  

Yo te dije que era para siempre,

aunque insistieras en que eso no existía,

aunque al final tuvieras razón.   


Lo dije y lo sostengo. 

Como lo hice aquella, 

y como lo hago cada vez. 

Con otra fuerza,

a otro rostro, 

a otra piel. 


Con la misma torpeza,

la misma esperanza,

la misma fe. 

¿O acaso hay otro modo?

domingo, 30 de agosto de 2020

Aire

 Alguna vez fui solido.

Todo lo que sabía era cierto.

Las certezas caían de mi boca,

y tomaba decisiones,

y no dudaba, 

y la verdad tenia mis argumentos, 

mi geometría, 

mis deseos,

mi fe. 


Después todo empezó a disolverse.

Perdí solidez.

Me fui dejando arrastrar por otras voces,

me volví un río deseos de otras bocas.  

Aburrido de querer tener razón,

dejé de gritar,

y comencé a fluir por todo 

lo que me conmoviera. 


Ahora quizás solo quede evaporarse. 

Flotar entre los otros sin pretensiones.

Sin la mirada hostil, 

ni la palabra pedante.

Ser una presencia invisible, 

un viento que roza y no arrasa.

Un aire imperceptible 

para aquellos que quieran respirarme. 


  



domingo, 23 de agosto de 2020

Moscas




De qué sirvió esa torpe economía del deseo.
Creer que si yo...
entonces vos quizás...
esa matemática demencial,
ese sostener una forma
vacía de contenido.

Cómo permitimos esa insistencia,
esa absurda idea de la mesura.
Acomodar los modos,
ordenar los gestos,
dosificar los gemidos,
racionalizar los silencios.

Cómo pudimos caer tan bajo,
volvernos la comedia
de la que siempre nos reímos.
Pedirte un poco menos,
exigirme un poco más.
Hacer del amor un Excel.

Porque no está mal
que eso que fue,
hoy ya no sea.
Lo que duele es la mecánica cobarde,
la agonía gozosa,
la obstinación de la mosca
golpeando contra la ventana,
sin atreverse a cambiar su vuelo.



 


 



viernes, 14 de agosto de 2020

Scanner

La primera vez que lo vi a Pablo, 

me cayó mal. 

Era el mejor del equipo de básquet. 

Un tiempo después me ofreció sentarme 

a su lado en un colegio secundario

del que no hubiese salido vivo sin él. 

Veinte años más tarde me convertí

en padrino de su hijo.


La primera vez que leí algo de Luis

en facebook me causó rechazo. 

Cómo alguien podía compartir

fragmentos de novela ahí.

Tres años más tarde, 

Luis no solo me ayudó a escribir

y corregir dos novelas,

sino que se volvió un amigo imprescindible. 


Hoy leí un libro de poesía

de un tipo al que hace un 

tiempo había visto recitar en Youtube

y algo me había disgustado.

Su libro me rompió la cabeza. 


Conclusión: 

La primera impresión no es la que cuenta.

La mirada, a veces, 

es un scanner que funciona mal.