Ya no es un peso insoportable,
ya no me siento Sísifo
cargando una roca con tu nombre
en mi espalda,
ya no me duele el tiempo
muerto,
pero algunos de tus gestos
todavía vuelven.
Cuando estoy en el patio en silencio,
o le doy de comer al perro,
o mis pies
se estiran en la cama,
aparecen como fantasmas,
tus restos.
Son pedacitos,
pequeños fragmentos,
astillas de nosotros
que debés en cuando
me sorprenden descalzo,
y muerden las plantas de mis días.
Y aunque ya no peses,
y te diluyas de a poco,
y tus recuerdos
aun sobrevuelen,
de algún modo
me emociona esta forma
de perderte.
Sin tragedias,
ni reproches,
ni eufemismos,
con el sosiego
de saber que el amor que nos contuvo,
hoy nos aleja.
Un amor mucho más
grande que nosotros dos.
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