El lunes amanecimos con cuatro
pibas muertas.
Como si habláramos del clima,
de un índice de precios,
de una mala cosecha,
cuatro pibas muertas encontraron.
A Cielo la encontraron,
también a Navila,
a Maria Magdalena,
y recién leo que a Cecilia
tam - bién muerta la encontraron.
En la tele hablan
que andaban solas,
que usaban pollerita,
o el escote pronunciado.
¿Querrán decir que ellas se
la buscaron?
Es curiosa la forma de nombrar la muerte
cuando no es el cuerpo de un hombre,
el sutil modo en significar el espanto.
Ya sabemos,
lo aprendemos de chiquitos
y lo confirmamos a diario.
Su cuerpo,
su sexo,
sus sueños,
y sus miedos,
son territorio macho.
Será por eso que
todos los días las matamos,
y nos enojamos con las feministas
cuando hablan de patriarcado.
Mi sobrina dijo ayer
que tenía miedo de que
algun dia le pase algo.
Yo hice silencio
y sentí vergüenza.
No supe decirle que
era un miedo para mi
ignorado.
Tengo el privilegio
de estar del otro lado.
martes, 17 de septiembre de 2019
jueves, 29 de agosto de 2019
Arte
La adultez llega cuando uno aprendió a fingir con precisión. Se trata de ir ocultando el niño que fuimos, ir matando de a poco nuestra infancia. Por eso empezamos a fumar, tosemos, nos pica la garganta y volvemos a intentar. Por eso dejamos la leche chocolatada, la gaseosa y nos pasamos a la cerveza, al vino o a la petaca de café al coñac y por eso también, dejamos de llorar en público. Tenemos que ser adultos, y la adolescencia es el medio para completar ese doloroso proceso de ficción. Se trata dejar atrás la frágil verdad que éramos para convertirnos en la sólida mentira que seremos hasta el final. El ejercicio normalizador de peyorizar las emociones en nombre de la razón.
Quizás el arte sea -en todas sus formas- un puente hacia esa infancia perdida. La forma que encontramos para resistir la adultocracia.
Por eso el poder le teme.
El arte es el arma más poderosa para no dejarnos domesticar.
Quizás el arte sea -en todas sus formas- un puente hacia esa infancia perdida. La forma que encontramos para resistir la adultocracia.
Por eso el poder le teme.
El arte es el arma más poderosa para no dejarnos domesticar.
miércoles, 28 de agosto de 2019
consejo
Yo, lo que haría en tu lugar...
me dijo.
Vi al mundo empalidecer
y a los pájaros huir
a tiempo.
Tenés que madurar
insistió,
y el mar hizo silencio
mientras mi boca gemía de sed.
La verdad es...
dijo después
y a esa altura,
el perro escondía su cola
y una sombra lo envolvía
todo.
¿Entendés lo que
te quiero decir?
finalizó
y yo pensé en una sábana
que me devolviera a mi infancia.
Un último consejo, agregó
y yo,
apunto de ser asfixiado,
empecé a correr.
me dijo.
Vi al mundo empalidecer
y a los pájaros huir
a tiempo.
Tenés que madurar
insistió,
y el mar hizo silencio
mientras mi boca gemía de sed.
La verdad es...
dijo después
y a esa altura,
el perro escondía su cola
y una sombra lo envolvía
todo.
¿Entendés lo que
te quiero decir?
finalizó
y yo pensé en una sábana
que me devolviera a mi infancia.
Un último consejo, agregó
y yo,
apunto de ser asfixiado,
empecé a correr.
viernes, 16 de agosto de 2019
Algoritmo
Quizás fue la mirada
obscenamente puesta
afuera,
y el olvido de mirar
para adentro.
Quizás fue su universo de
de significantes vacíos:
si se puede,
futuro,
mercado,
primer mundo,
yo,
y el imperdonable olvido
de palabras cómo:
infancia,
presente,
techo,
fragilidad,
nosotros.
Quizás se obstinaron en
hacer de lo privado una patria,
y de lo público un adversario.
Quizás se convencieron
de que la política es
un mérito individual,
y olvidaron que lo político
debería ser siempre
una experiencia plural.
O quizás sea que no fue olvido
sino voluntad,
y creyeron,
de verdad creyeron,
(y eso es acaso lo monstruoso),
que el otro es sólo un algoritmo
y no un rostro al cual alojar.
obscenamente puesta
afuera,
y el olvido de mirar
para adentro.
Quizás fue su universo de
de significantes vacíos:
si se puede,
futuro,
mercado,
primer mundo,
yo,
y el imperdonable olvido
de palabras cómo:
infancia,
presente,
techo,
fragilidad,
nosotros.
Quizás se obstinaron en
hacer de lo privado una patria,
y de lo público un adversario.
Quizás se convencieron
de que la política es
un mérito individual,
y olvidaron que lo político
debería ser siempre
una experiencia plural.
O quizás sea que no fue olvido
sino voluntad,
y creyeron,
de verdad creyeron,
(y eso es acaso lo monstruoso),
que el otro es sólo un algoritmo
y no un rostro al cual alojar.
viernes, 26 de julio de 2019
suicidas
A veces,
cada tanto,
el mundo es un boxeador furioso,
nuestras brazos se agotan,
las defensas ceden,
y tiramos la toalla.
A veces,
cada tanto,
como suicidas,
tomamos decisiones absolutas
para problemas relativos.
No es la voluntad perezosa,
ni el deseo huérfano,
ni el cuerpo débil,
simplemente no podemos.
Y esta bien esa pequeña muerte,
esa urgencia de hacer de la frazada
una piel,
nuestro derecho a la impotencia.
Es que abruma el mandato del tu puedes,
agota maquillar siempre la tristeza,
y es violencia la obligación de ser feliz,
a veces,
cada tanto,
es necesario decir que no.
Sin culpa,
sin autoflagelos,
sin explicaciones,
Simplemente no,
Hoy no.
cada tanto,
el mundo es un boxeador furioso,
nuestras brazos se agotan,
las defensas ceden,
y tiramos la toalla.
A veces,
cada tanto,
como suicidas,
tomamos decisiones absolutas
para problemas relativos.
No es la voluntad perezosa,
ni el deseo huérfano,
ni el cuerpo débil,
simplemente no podemos.
Y esta bien esa pequeña muerte,
esa urgencia de hacer de la frazada
una piel,
nuestro derecho a la impotencia.
Es que abruma el mandato del tu puedes,
agota maquillar siempre la tristeza,
y es violencia la obligación de ser feliz,
a veces,
cada tanto,
es necesario decir que no.
Sin culpa,
sin autoflagelos,
sin explicaciones,
Simplemente no,
Hoy no.
sábado, 20 de julio de 2019
Amigos
Lo diré así: Los amigos no se eligen.
Terminemos con este absurdo. Los amigos no son las fruta de un cajón, el vino de una góndola ni una carrera para estudiar. No hay elección en la amistad, por suerte.
Si de mi voluntad dependiera, si los amigos se eligieran, no tengo dudas de que los tendría peores, menos lúdicos, menos profundos, menos idiotas.
Quiero decir, los amigos irrumpen. Justo ahí, cuando no hay posibilidad de decisión, cuando la soledad se hace insoportable y un cuerpo extraño, ajeno, se ofrece.
Los amigos son acontecimientos.
Rupturas con nuestra forma de saber la vida. La oportunidad de ser distintos, de ampliar nuestra percepción del mundo. La amistad es tal vez un espacio nuevo que se ofrece para ser infinitos.
Yo no elegí la escuela, ni el barrio donde la amistad se construyó inmortal. Tampoco elegí que mi adolescencia coincidiera con esos rostros que me salvaron del infierno a base de estupideces, amor, desilusión y cervezas. No elegí al hermano de un amigo que emergió para hacer más leve nuestras soledades, ni al tipo que me cebo un mate en mi primer día de trabajo y se volvió trinchera, ni al primo de una novia que me alojó como una tierra.
No, la amistad no se elige y no será jamás un sustantivo. La amistad es, todo caso, un verbo.
Un otro que se hace carne y sólo después tenemos la posibilidad de elegir el tiempo que nos regalemos junto a ellos. La contingencia que nos empuja a salirnos de la propia quietud. La otredad que nos multiplica, nos ensancha y nos hace mejores de lo que somos.
Si, los amigos no se eligen. Los amigos acontecen.
Los amigos son acaso, la forma que encontró la vida para salvarnos de nosotros mismos.
Terminemos con este absurdo. Los amigos no son las fruta de un cajón, el vino de una góndola ni una carrera para estudiar. No hay elección en la amistad, por suerte.
Si de mi voluntad dependiera, si los amigos se eligieran, no tengo dudas de que los tendría peores, menos lúdicos, menos profundos, menos idiotas.
Quiero decir, los amigos irrumpen. Justo ahí, cuando no hay posibilidad de decisión, cuando la soledad se hace insoportable y un cuerpo extraño, ajeno, se ofrece.
Los amigos son acontecimientos.
Rupturas con nuestra forma de saber la vida. La oportunidad de ser distintos, de ampliar nuestra percepción del mundo. La amistad es tal vez un espacio nuevo que se ofrece para ser infinitos.
Yo no elegí la escuela, ni el barrio donde la amistad se construyó inmortal. Tampoco elegí que mi adolescencia coincidiera con esos rostros que me salvaron del infierno a base de estupideces, amor, desilusión y cervezas. No elegí al hermano de un amigo que emergió para hacer más leve nuestras soledades, ni al tipo que me cebo un mate en mi primer día de trabajo y se volvió trinchera, ni al primo de una novia que me alojó como una tierra.
No, la amistad no se elige y no será jamás un sustantivo. La amistad es, todo caso, un verbo.
Un otro que se hace carne y sólo después tenemos la posibilidad de elegir el tiempo que nos regalemos junto a ellos. La contingencia que nos empuja a salirnos de la propia quietud. La otredad que nos multiplica, nos ensancha y nos hace mejores de lo que somos.
Si, los amigos no se eligen. Los amigos acontecen.
Los amigos son acaso, la forma que encontró la vida para salvarnos de nosotros mismos.
lunes, 15 de julio de 2019
Rutina
A veces hago un ejercicio
en silencio.
Una suerte de juego bobo.
Te miro desde afuera
como si no te conociera.
Entonces extrañado,
me escindo y pienso:
Cómo me gustaría estar
con alguien como vos.
Me pasa seguido,
cuando jugás con las gatas,
fruncís el ceño preocupada,
Supongo que es mi modo
de defenderme de la
anestesia diaria,
un modo ingenuo de resistir
a la rutina cotidiana.
.
Y cuando me descubrís,
me mirás interrogativa,
entonces yo,
idiota,
sin pronunciar palabra
termino con mi juego.
Es que no sé cómo
traducir la bruma
en ese instante,
la calma que me invade
al saber que,
en lo irreversible del tiempo,
en lo pequeño de la vida,
vos te detengas a construir
tu mundo junto al mío.
en silencio.
Una suerte de juego bobo.
Te miro desde afuera
como si no te conociera.
Entonces extrañado,
me escindo y pienso:
Cómo me gustaría estar
con alguien como vos.
Me pasa seguido,
cuando jugás con las gatas,
fruncís el ceño preocupada,
lees un libro tirada en la cama,
o te cambias delante mío.Supongo que es mi modo
de defenderme de la
anestesia diaria,
un modo ingenuo de resistir
a la rutina cotidiana.
.
Y cuando me descubrís,
me mirás interrogativa,
entonces yo,
idiota,
sin pronunciar palabra
termino con mi juego.
Es que no sé cómo
traducir la bruma
en ese instante,
la calma que me invade
al saber que,
en lo irreversible del tiempo,
en lo pequeño de la vida,
vos te detengas a construir
tu mundo junto al mío.
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