Vos no sabés qué es el amor,
dijiste y te fuiste esquiva.
Te vi irte y me temblaron
las palabras.
Pensé que yo no sabía muchas cosas:
Ignoro si el sol sale por el Este o el Oeste,
sigo confundiendo el transformador con el compás,
desconozco el símbolo del Rutenio,
y cómo se cambia la pila de un reloj .
Del amor apenas sé lo que me pasa:
la cabeza se vuelve una nube,
el tiempo no me pertenece,
suspiro buscando oxígeno,
el corazón hace el ruido de un motor,
y la ansiedad es una roca en el medio
de mi panza.
Por eso,
cuando recuerdo
que usaste el desdén
para decirme adiós,
pienso que quizás
tenías razón.
Del amor yo no sé nada.
Solo esa potencia extraña
que me habita
y me devuelve a la infancia.
A ese niño vacilante
que espía entre los juncos,
con la esperanza urgente
de volverla a ver.
martes, 8 de octubre de 2019
lunes, 7 de octubre de 2019
Mc donalds
Salgo del trabajo con hambre. Camino por Corrientes hasta el obelisco y en el camino me topo con una fila de casi una cuadra. Pienso que esperaban a algún famoso, pero no. Una chica me dice que buscan cajero en una farmacia, que hacen cola desde la seis de la mañana. Me meto en el Mc donalds de 9 de Julio y Corrientes. Antes de entrar esquivo a una mamá con dos chicos pidiendo monedas. Pido el combo del día: una Big Mac. Me siento contra una ventana mirando hacia afuera. Una columna de gente con carteles de Barrios de Pie viene caminando por 9 de Julio y amenaza con cortar la calle. La Policía hace una barrera para evitarlo. Pienso que tendré que apurarme o no voy a poder tomar el colectivo. Chequeo Instagram un rato y me llegan unas ofertas de Despegar para ir a Rio de Janeiro. El pasaje sale el triple que lo que pagué hace dos años. Un señor de traje que come lo que supongo es una McNifica, mira fijo para fuera a la gente que a esta altura ya corta el metrobus. Me mira y dice: "Negros de mierda". Me quedo callado mientras termino mis papas. Un nene vendiendo medias me pide si le puedo comprar algo de comer. El seguridad se acerca y lo saca del local apresuradamente. Reviso mi billetera. Me quedaban cien pesos y tengo que cargar la Sube. La tengo en menos cuarenta pesos. Salgo del local y cruzo entre el medio de manifestación. Me llama la atención una señora amamantando a dos nenes a la vez. Cargo cincuenta pesos en la Sube y voy hasta la parada del 17. La cola es larga y no sabemos si el colectivo podrá pasar. Una chica delante mío se saca una selfie con el obelisco y la gente detrás. Después manda un audio: "Acá con los grone de fondo". Miró mi celular; poca batería. Un señor se acerca y tímidamente me pide diez pesos para cargar la sube. Busco unas monedas en mi bolsillo, no llego a los cinco pesos. Saco el billete de cincuenta y se lo doy. Me agradece con una sonrisa; yo siento vergüenza. Saco el libro de la mochila justo cuando llega el colectivo.
Subimos. Quedo apretado contra la puerta. El colectivero espero una orden de la policía y pasa lentamente por el medio de la marcha. Una mujer policía golpea con la cachiporra a una de las manifestantes. Un nene llora a su lado. Leo algunos de los carteles. Me detengo en uno que dice: "El hambre es violencia". Finalmente pasamos y la señora que estaba sentada en la primera fila dice al aire: "Vayan a trabajar vagos de mierda". Una piba a su lado le dice que es gente que tiene hambre y se arma una discusión. Yo quiero meterme, pero me quedo callado cobardemente. Intento abrir el libro pero el bondi está demasiado lleno. Espero hasta Constitución donde siempre baja mucha gente. Logro acomodarme en el medio del colectivo apoyado contra la barra para discapacitados y sacar el libro. Un señor mayor pide permiso al colectivero y comienza a relatar que PAMI ya no le cubre la medicación, si podemos ayudarlo con una moneda. Me escondo en el libro. Llegando a Avellaneda otro corte. Empleados de una fábrica cortando el acceso. Después me entero que eran de la fábrica de Heladeras Siam. Despidieron ochenta trabajadores. Logramos pasar a los veinte minutos. Llegando a casa recuerdo que no me queda alimento para las gatas. Entro al pet shop a la vuelta de casa. El alimento que compraba siempre volvió a aumentar asi que compro el más barato. Salgo y en la carnicería de la esquina hay cola. Me acerco. El kilo de milanesas está en oferta me dice una vecina. Entro a casa, y veo una factura de luz. La dejo sobre la mesa. Le doy de comer a las gatas y pongo el agua para el mate. Casi no queda yerba. Rescato un culito que me quedaba en una lata. Prendo el tele y abro la factura. Cinco mil pesos de luz. Pienso que voy a tener que postergar la compra de un par de libros. Saco la pava del fuego y me cebo un mate. En el noticioso dicen que hay cuatro millones de pobres nuevos. Pienso que Uruguay tiene tres millones y medio de habitantes. Cambio de canal: El presidente dice que si se puede.
Súbitamente siento un revuelto en la panza, corro hasta el baño y vomito la Big Mac. Vuelvo a sentarme con la pava y el mate. Una de las gatas se me sube a upa. Me largo a llorar.
miércoles, 2 de octubre de 2019
Tristeza
No estés triste dijiste
mientras mirabas el reloj.
Quizás más adelante,
con el correr de los días,
quién sabe... insistías.
Yo no, pensé.
Yo no sé,
yo no entiendo,
si ayer nomás vos decías
que...
pero cuando miré
ya estabas en otro lado.
¿Que no esté triste?
¿En serio?
¿Ni siquiera ese derecho me asiste?
Porque probablemente yo no quise
ver,
fui un necio,
y hacía un tiempo que...
¿Pero ni la tristeza me dejás?
¿Qué hago entonces con este dolor
cachorro mordiéndome la panza?
¿Con el peso insoportable en
los hombros?
¿Con mis manos buscándote
torpemente en la oscuridad?
Quiero decir,
la tristeza es un sentimiento
digno.
Acaso el único.
Por eso voy a repetir las estúpidas canciones,
los rituales bobos,
la ropa sucia,
tenerme lástima unos días,
claro que voy a ser un cliché.
No te vas a llevar eso también.
Porque valió la pena,
aunque sea una contradicción,
lo valimos
y no hay angustia que lo niegue todo.
Por eso voy a hundirme en mi tristeza
todo lo que necesite,
seré un moco espantoso,
voy a exprimir cada recuerdo
exageradamente
hasta que ya no duelas.
Será un homenaje justo.
Una tristeza a la altura del
amor que detuviste,
el amor que ya no es.
mientras mirabas el reloj.
Quizás más adelante,
con el correr de los días,
quién sabe... insistías.
Yo no, pensé.
Yo no sé,
yo no entiendo,
si ayer nomás vos decías
que...
pero cuando miré
ya estabas en otro lado.
¿Que no esté triste?
¿En serio?
¿Ni siquiera ese derecho me asiste?
Porque probablemente yo no quise
ver,
fui un necio,
y hacía un tiempo que...
¿Pero ni la tristeza me dejás?
¿Qué hago entonces con este dolor
cachorro mordiéndome la panza?
¿Con el peso insoportable en
los hombros?
¿Con mis manos buscándote
torpemente en la oscuridad?
Quiero decir,
la tristeza es un sentimiento
digno.
Acaso el único.
Por eso voy a repetir las estúpidas canciones,
los rituales bobos,
la ropa sucia,
tenerme lástima unos días,
claro que voy a ser un cliché.
No te vas a llevar eso también.
Porque valió la pena,
aunque sea una contradicción,
lo valimos
y no hay angustia que lo niegue todo.
Por eso voy a hundirme en mi tristeza
todo lo que necesite,
seré un moco espantoso,
voy a exprimir cada recuerdo
exageradamente
hasta que ya no duelas.
Será un homenaje justo.
Una tristeza a la altura del
amor que detuviste,
el amor que ya no es.
viernes, 20 de septiembre de 2019
contra todo lo que sé
Cuando me sé de memoria,
cuando soy de manual,
cuando tiro frases hechas
y me siento seguro,
me interrumpo y
abro un libro.
cuando soy de manual,
cuando tiro frases hechas
y me siento seguro,
me interrumpo y
abro un libro.
Cuando me pongo
a contar me gustas,
retoco la fotito de perfil,
me acaricio el ego
y postergo el nosotros
en nombre del yo,
me avergüenzo,
y me salvo con un libro.
a contar me gustas,
retoco la fotito de perfil,
me acaricio el ego
y postergo el nosotros
en nombre del yo,
me avergüenzo,
y me salvo con un libro.
Cuando miro con desdén
cruzo de vereda,
cierro con dos llaves,
y me vuelvo un
estúpido que cree que
de verdad algo es mío,
me doy cuenta que es
momento de volver a
abrir un libro.
cruzo de vereda,
cierro con dos llaves,
y me vuelvo un
estúpido que cree que
de verdad algo es mío,
me doy cuenta que es
momento de volver a
abrir un libro.
Contra todo lo que sé,
-Y me respondo-,
contra todo lo cierto.
lo finito,
lo resuelto,
y explicado,
me refugio en universos
que otros crearon.
-Y me respondo-,
contra todo lo cierto.
lo finito,
lo resuelto,
y explicado,
me refugio en universos
que otros crearon.
Pero cuando las dudas vuelven,
un temblor gana mi cuerpo,
y la fragilidad me habita,
me reconozco en lo que ignoro,
entonces me detengo,
y a veces,
escribo.
un temblor gana mi cuerpo,
y la fragilidad me habita,
me reconozco en lo que ignoro,
entonces me detengo,
y a veces,
escribo.
martes, 17 de septiembre de 2019
el camino de papa
Papá duerme. El médico dijo que salió todo bien, pero hay que esperar como despierta después de la anestesia. El post operatorio de este tipo de cirugías suele ser muy doloroso, nos advirtió.
Antes de entrar al quirófano papá me pidió que le guarde el celular y los lentes. Ahora siento que su celular no para de vibrar en mi bolsillo. Lo saco y lo pongo en modo vibrar para no despertarlo. Tiene más de ochenta mensajes de whatsapp. Sin darme cuenta empiezo a chusmearlo. Hay por lo menos veinte grupos distintos y algunos nombres que me suenan conocidos preguntado como está. Si, estoy stalkeando el celular de mi papá. Cuando me doy cuenta de esto, lo vuelvo a guardar en el bolsillo y me pongo a leer una nota a Fontanarrosa desde mi celular. Me queda una frase cuando le preguntan que deseaba para sus hijos: "Que los amigos sonrían cuando lo ven llegar".
Papá se despierta y me dice que tiene sed. Le alcanzo un vaso con agua y lo primero que pregunta es como salió Argentina al basquet. Le digo que ganamos, y se vuelve a dormir . Yo estoy sentado en una silla al lado de su cama e intento dormitar también. Me desperté a las cuatro de la mañana para tomar el avión de Buenos Aires a Neuquén y llegar justo a la operación. No logro dormir. El celular de papá sigue vibrando en mi bolsillo y me pregunto cuantos mensajes tendrá ya. Una enfermera entra haciendo ruido con una camilla y papá se vuelve a despertar. Se siente mejor, dice. Ya paso el efecto de la anestesia. Me pide los lentes y el celular. Lo ayudo a desbloquear el celular porque tiene la mano derecha inmovilizada -lo operaron del hombro y le cuesta maniobrar con la zurda. Empieza a revisar los mensajes. Se le escapan los audios en alta voz. Muchos amigos preguntándole cómo está. La mayoría le hace algún chiste, bromean sobre cómo hará para limpiarse el culo, si le operaron también los bolsillos, y varios chistes sobre enfermeras. Yo me río. Papá también. Me pide que lo ayude a seguir leyendo todos los mensajes. Son más de cien. Todos, llenos de preocupación, afecto y humor. La sintesis perfecta de papá.
Llega mi hermana para hacer el cambio de guardia y me voy a descansar un rato a lo de mi mamá, pero no logro dormir. Vuelvo a la clínica. Están mis hermanos y la novia de papá. Charlamos, papá hace chistes con la enfermera de cuando le traerán un bife de chorizo con un vaso de vino con soda. Las enfermeras se ríen. Después papá pregunta por quinta vez cuando vendrá el médico a darle el alta. Le responden que el doctor sigue operando. Le traen la cena: zapallo con queso, arroz con verduras y una sopa de cabellos de ángel que papá dice esta intomable. Está fastidioso. Se quiere ir. Con mi hermana y mis hermanos nos miramos rogando que el médico aparezca. Papá apenas come una galletita cuando el doctor aparece. Se puede ir a su casa siguiendo indicaciones de tratamiento y medicación. Papá hace otro chiste sobre el vino con soda. Lo dejamos en la casa de la novia para que haga reposo. Estoy muerto de sueño.
Antes de irme a dormir paso por el bar de Pepe a saludar. El bar está lleno de gente. Cuando me fui a vivir a Buenos Aires, el bar de Pepe era un restaurant. Ahora es el punto de encuentro de la mayoría de los amigos y amigas de Cipolletti. Bridnamos con Pepe por papá, por su bar que no para de crecer y porque yo firmé contrato con una editorial para publicar un par de libros. Van cayendo un par de amigos más. Pese al cansancio siempre acepto una cerveza más. Un abrazo más. A la una de la mañana me tomo un taxi a casa.
Antes de dormirme pienso en los mensajes y el amor que hoy recibió papá. Pienso en Pepe y en los amigos que hoy me saludaron en su bar. Me doy cuenta que una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando me descubrían en su bar.
Pienso en la frase de Fontanarrosa y pienso en papá. Me dan ganas de llorar. Siento un pequeño orgullo por haber haber escuchado a tiempo los mensajes de papá.
Mabel
Cada vez que me dicen
feliz día,
pienso:
¡Que lástima que no conocieron
a Mabel!
Con sus pasitos cortos,
con su portafolio repleto de libros
y experiencias,
Mabel llegaba al aula y era
como ver la marea subir.
Sí, las clases de Mabel
nos volvían niños mirando el mar.
Mientras ella hablaba,
hacía un chiste,
y pedía un mate,
uno sentía que sus palabras
eran olas empapandonos
el rostro.
Y no importaba si era Freud,
salud pública,
o Dolto.
Mabel era contenido,
-detención-
y continente.
Con Mabel las clases no se daban,
las clases se construían.
Años más tarde,
por esas carambolas de la vida,
Mabel me ofreció sentarme a su lado,
compartirme un pedacito de su mar.
Y ese inmenso gesto,
significó mi destino docente.
Por eso, cuando hoy
me dicen feliz día,
o alguien comete el equívoco
de agradecerme una clase,
pienso en ella.
En la fortuna de haberme
bañado en el profundo océano
de ternura
llamado Mabel.
feliz día,
pienso:
¡Que lástima que no conocieron
a Mabel!
Con sus pasitos cortos,
con su portafolio repleto de libros
y experiencias,
Mabel llegaba al aula y era
como ver la marea subir.
Sí, las clases de Mabel
nos volvían niños mirando el mar.
Mientras ella hablaba,
hacía un chiste,
y pedía un mate,
uno sentía que sus palabras
eran olas empapandonos
el rostro.
Y no importaba si era Freud,
salud pública,
o Dolto.
Mabel era contenido,
-detención-
y continente.
Con Mabel las clases no se daban,
las clases se construían.
Años más tarde,
por esas carambolas de la vida,
Mabel me ofreció sentarme a su lado,
compartirme un pedacito de su mar.
Y ese inmenso gesto,
significó mi destino docente.
Por eso, cuando hoy
me dicen feliz día,
o alguien comete el equívoco
de agradecerme una clase,
pienso en ella.
En la fortuna de haberme
bañado en el profundo océano
de ternura
llamado Mabel.
Del otro lado
El lunes amanecimos con cuatro
pibas muertas.
Como si habláramos del clima,
de un índice de precios,
de una mala cosecha,
cuatro pibas muertas encontraron.
A Cielo la encontraron,
también a Navila,
a Maria Magdalena,
y recién leo que a Cecilia
tam - bién muerta la encontraron.
En la tele hablan
que andaban solas,
que usaban pollerita,
o el escote pronunciado.
¿Querrán decir que ellas se
la buscaron?
Es curiosa la forma de nombrar la muerte
cuando no es el cuerpo de un hombre,
el sutil modo en significar el espanto.
Ya sabemos,
lo aprendemos de chiquitos
y lo confirmamos a diario.
Su cuerpo,
su sexo,
sus sueños,
y sus miedos,
son territorio macho.
Será por eso que
todos los días las matamos,
y nos enojamos con las feministas
cuando hablan de patriarcado.
Mi sobrina dijo ayer
que tenía miedo de que
algun dia le pase algo.
Yo hice silencio
y sentí vergüenza.
No supe decirle que
era un miedo para mi
ignorado.
Tengo el privilegio
de estar del otro lado.
pibas muertas.
Como si habláramos del clima,
de un índice de precios,
de una mala cosecha,
cuatro pibas muertas encontraron.
A Cielo la encontraron,
también a Navila,
a Maria Magdalena,
y recién leo que a Cecilia
tam - bién muerta la encontraron.
En la tele hablan
que andaban solas,
que usaban pollerita,
o el escote pronunciado.
¿Querrán decir que ellas se
la buscaron?
Es curiosa la forma de nombrar la muerte
cuando no es el cuerpo de un hombre,
el sutil modo en significar el espanto.
Ya sabemos,
lo aprendemos de chiquitos
y lo confirmamos a diario.
Su cuerpo,
su sexo,
sus sueños,
y sus miedos,
son territorio macho.
Será por eso que
todos los días las matamos,
y nos enojamos con las feministas
cuando hablan de patriarcado.
Mi sobrina dijo ayer
que tenía miedo de que
algun dia le pase algo.
Yo hice silencio
y sentí vergüenza.
No supe decirle que
era un miedo para mi
ignorado.
Tengo el privilegio
de estar del otro lado.
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