De chico aprendí a sonreír
a medias.
Por aquello de
mis dientes torcidos
y la ortodoncia
que no se podía pagar en casa.
Un reflejo,
un mecanismo de defensa
que uno aprende sin saberlo
ante las primeras miradas hostiles,
las primeras burlas,
el primer dolor.
Entonces uno se acostumbra
a esconder sus vergüenzas,
y aprende a salir en las fotos con la sonrisa escondida.
Y aunque algunos hoy insisten
es que ya es tiempo de corregir
este defecto,
hay en mí una suerte de estúpido orgullo
que se resiste.
Es que supongo que en un mundo
que hace de la simetría un mandato,
de la estética una moral,
y de las diferencias una cacería,
tener los dientes torcidos es una
pequeña singularidad,
esa que todos tenemos.
Nada comparado con los que
otros sufren.
Los torcidos de infancia,
privados de ternura,
burlados por su peso,
o perseguidos por su deseo,
su sexo
o su piel.
Por eso ya no me esfuerzo en fingir la foto,
en esconder la sonrisa,
porque creo que
al final de cuentas
nuestras vergüenzas
no son tan nuestras.
Quiero decir,
quizás haya que subvertir
la violencia de ciertas miradas,
reconciliarse con
nuestras genuinas monstruosidades,
para prescindir de una normalidad que no existe,
y defender las vidas que se tuercen,
entre torpes sonrisas,
oblicuos rostros,
imperfectas historias
y sencilla profundidad.
jueves, 9 de mayo de 2019
lunes, 6 de mayo de 2019
Hermano
Afuera llovía y me
dijiste que querías la verdad.
Yo miré para abajo dudando,
pensé en decirte que
eso era imposible,
que apenas éramos
fragmentos,
letras de un abecedario
incompleto,
pero sabía que a esta altura mi respuesta
poco importaba.
dijiste que querías la verdad.
Yo miré para abajo dudando,
pensé en decirte que
eso era imposible,
que apenas éramos
fragmentos,
letras de un abecedario
incompleto,
pero sabía que a esta altura mi respuesta
poco importaba.
Que era absurdo, insistías,
que cómo puede ser
tanto dolor,
tanta cobarde contradicción,
tan poco registro
del otro en uno.
Y se me vinieron
algunas fotos,
imágenes en blanco
y negro de un tiempo
en el que soñabamos ser
eso que nunca fuimos.
que cómo puede ser
tanto dolor,
tanta cobarde contradicción,
tan poco registro
del otro en uno.
Y se me vinieron
algunas fotos,
imágenes en blanco
y negro de un tiempo
en el que soñabamos ser
eso que nunca fuimos.
Tu voz desgarrada,
tus ojos ahogados,
como buceando vaya a saber dónde,
y entonces yo dije
casi excusándome,
que al carajo con eso de la verdad,
que sólo éramos
este pedacito de tiempo,
esta pequeña pausa
entre tanta miseria,
y te llene el vaso de nuevo,
-mientras la tele de fondo
hablaba del dólar,
de índices y muertos-
y no me salió decirte hermano,
-y no sabés como me arrepiento-
que la verdad debería tener la profundidad de
tus silencios,
y el amor insopoortable de tu mirada.
tus ojos ahogados,
como buceando vaya a saber dónde,
y entonces yo dije
casi excusándome,
que al carajo con eso de la verdad,
que sólo éramos
este pedacito de tiempo,
esta pequeña pausa
entre tanta miseria,
y te llene el vaso de nuevo,
-mientras la tele de fondo
hablaba del dólar,
de índices y muertos-
y no me salió decirte hermano,
-y no sabés como me arrepiento-
que la verdad debería tener la profundidad de
tus silencios,
y el amor insopoortable de tu mirada.
viernes, 3 de mayo de 2019
Ni fu ni fa
Siempre,
nunca,
todo,
nada,
¿no hay demasiada
pretensión en esas palabras?
No son acaso formas
de encerrar lo
que apenas entendemos.
En lugar de siempre,
¿no sería mejor un
a veces ?
A veces duele,
a veces extraño
a veces me equivoco.
¿Y nunca?
¿No es una exageración
caprichosa?
no es mas honesto el
quizás más adelante,
acaso alguna vez?
¿No hay violencia
cada vez que alguien dice
todo?
¿no es abrumador?
¿no les falta el aire?
¿Y si solo era una parte,
un lado,
una ventana?
¿Y si en lugar de nada,
quedara algo?
¿un resto,
una sombra,
o un pedacito de luz?
Si,
ni todo o nada
ni siempre o nunca.
Me quedo con el
a veces,
quizás pueda,
un poco,
alguna vez.
nunca,
todo,
nada,
¿no hay demasiada
pretensión en esas palabras?
No son acaso formas
de encerrar lo
que apenas entendemos.
En lugar de siempre,
¿no sería mejor un
a veces ?
A veces duele,
a veces extraño
a veces me equivoco.
¿Y nunca?
¿No es una exageración
caprichosa?
no es mas honesto el
quizás más adelante,
acaso alguna vez?
¿No hay violencia
cada vez que alguien dice
todo?
¿no es abrumador?
¿no les falta el aire?
¿Y si solo era una parte,
un lado,
una ventana?
¿Y si en lugar de nada,
quedara algo?
¿un resto,
una sombra,
o un pedacito de luz?
Si,
ni todo o nada
ni siempre o nunca.
Me quedo con el
a veces,
quizás pueda,
un poco,
alguna vez.
viernes, 26 de abril de 2019
Indiferencia
No eras vos,
Era yo.
Aunque me enojara
y maldijera,
y te llorara.
Era yo.
Aunque me enojara
y maldijera,
y te llorara.
No,
no eras vos,
ni tus quizás
ni tus tal vez,
ni tus no sé.
El problema era mi
cachorra esperanza.
no eras vos,
ni tus quizás
ni tus tal vez,
ni tus no sé.
El problema era mi
cachorra esperanza.
Aunque viera asomar tus dudas,
Aunque tu silencio era noche,
y tu respuesta demora,
el problema nunca estuvo de tu lado.
El problema era yo,
y mi amor tuerto.
Aunque tu silencio era noche,
y tu respuesta demora,
el problema nunca estuvo de tu lado.
El problema era yo,
y mi amor tuerto.
Por eso te esperé,
Me aferré a invisibles gestos,
y entendí proximidad
cuando vos decías distancia.
Me aferré a invisibles gestos,
y entendí proximidad
cuando vos decías distancia.
Y ahora que ya no espero,
y aprendí que la obstinación
poco tiene que ver con el deseo,
me dan ganas de darte las gracias.
y aprendí que la obstinación
poco tiene que ver con el deseo,
me dan ganas de darte las gracias.
Por tú delicada indiferencia,
por aquel dolor maestro,
por enseñarme sin saberlo
que al amor no se llega;
el amor te alcanza.
por aquel dolor maestro,
por enseñarme sin saberlo
que al amor no se llega;
el amor te alcanza.
lunes, 15 de abril de 2019
Sísifo
Ya no es un peso insoportable,
ya no me siento Sísifo
cargando una roca con tu nombre
en mi espalda,
ya no me duele el tiempo
muerto,
pero algunos de tus gestos
todavía vuelven.
Cuando estoy en el patio en silencio,
o le doy de comer al perro,
o mis pies
se estiran en la cama,
aparecen como fantasmas,
tus restos.
Son pedacitos,
pequeños fragmentos,
astillas de nosotros
que debés en cuando
me sorprenden descalzo,
y muerden las plantas de mis días.
Y aunque ya no peses,
y te diluyas de a poco,
y tus recuerdos
aun sobrevuelen,
de algún modo
me emociona esta forma
de perderte.
Sin tragedias,
ni reproches,
ni eufemismos,
con el sosiego
de saber que el amor que nos contuvo,
hoy nos aleja.
Un amor mucho más
grande que nosotros dos.
ya no me siento Sísifo
cargando una roca con tu nombre
en mi espalda,
ya no me duele el tiempo
muerto,
pero algunos de tus gestos
todavía vuelven.
Cuando estoy en el patio en silencio,
o le doy de comer al perro,
o mis pies
se estiran en la cama,
aparecen como fantasmas,
tus restos.
Son pedacitos,
pequeños fragmentos,
astillas de nosotros
que debés en cuando
me sorprenden descalzo,
y muerden las plantas de mis días.
Y aunque ya no peses,
y te diluyas de a poco,
y tus recuerdos
aun sobrevuelen,
de algún modo
me emociona esta forma
de perderte.
Sin tragedias,
ni reproches,
ni eufemismos,
con el sosiego
de saber que el amor que nos contuvo,
hoy nos aleja.
Un amor mucho más
grande que nosotros dos.
miércoles, 10 de abril de 2019
Ineficencias
Pierdo el tiempo,
lo sé.
Y también sé que puede
molestar este antojo
de andar defendiendo lo inútil.
Esto de entretenerme en el ejercicio
de no hacer nada,
este trastorno de inactividad.
lo sé.
Y también sé que puede
molestar este antojo
de andar defendiendo lo inútil.
Esto de entretenerme en el ejercicio
de no hacer nada,
este trastorno de inactividad.
Es decir,
soy proclive a las siestas con mis gatos,
insisto en tararear siempre las mismas canciones,
releo siete veces un
párrafo hasta encontrarle
su perfecta música,
imagino conversaciones con mis amigos
y me siento con el mate a diario
a mirar el limonero que no crece.
soy proclive a las siestas con mis gatos,
insisto en tararear siempre las mismas canciones,
releo siete veces un
párrafo hasta encontrarle
su perfecta música,
imagino conversaciones con mis amigos
y me siento con el mate a diario
a mirar el limonero que no crece.
Y me pongo a pensar cada cosa entonces:
Cómo hará la niñez
para defender su infancia,
por qué los despertadores
son tan violentos,
a dónde van los trenes
que pasan sólo una vez,
o qué fue primero;
la miseria o los miserables.
Cómo hará la niñez
para defender su infancia,
por qué los despertadores
son tan violentos,
a dónde van los trenes
que pasan sólo una vez,
o qué fue primero;
la miseria o los miserables.
Y como no podré
esquivar los diagnósticos,
-esa manía que tiene
el mundo de enfermarlo todo-
seguiré perdiendo el tiempo,
abrazándome a lo inútil
como de una almohada,
haciendo de la ineficacia un
refugio,
de la pereza un horizonte,
y te seguiré esperando cuando el sol caiga,
para preguntarnos como niños,
si ganarse la vida
es lo mismo que vivir.
esquivar los diagnósticos,
-esa manía que tiene
el mundo de enfermarlo todo-
seguiré perdiendo el tiempo,
abrazándome a lo inútil
como de una almohada,
haciendo de la ineficacia un
refugio,
de la pereza un horizonte,
y te seguiré esperando cuando el sol caiga,
para preguntarnos como niños,
si ganarse la vida
es lo mismo que vivir.
jueves, 4 de abril de 2019
rotos
Yo que hice fui inmortal tantas veces.
Yo que hice el amor, deseé,
sudé y prometí en vano.
Yo que fui eterno
Ahora me pregunto
por dónde. Ni el deseo Ni la palabra Ni la piel explican esta duda ciega, esta pura ignorancia. Yo que fui inmortal y tiré sobras y regalé secretos hoy me vuelvo austero pongo candados miro para abajo solo me abrigo. Yo que amé omnipotente y creí ser para siempre -como una excusa-
y me cuesta el perdón e insisto en tener razón
como si fuera tener algo,
me aferro a la fe
de los míos,
mis lisiados,
mis frustrados,
mis amigos.
Y grito con ellos, ladramos,
como hermanos,
celebrando resacas,
para volver a empezar,
con los huesos rotos,
la risa húmeda,
la memoria temblorosa,
y la infantil esperanza
de ahuyentar la muerte.
por dónde. Ni el deseo Ni la palabra Ni la piel explican esta duda ciega, esta pura ignorancia. Yo que fui inmortal y tiré sobras y regalé secretos hoy me vuelvo austero pongo candados miro para abajo solo me abrigo. Yo que amé omnipotente y creí ser para siempre -como una excusa-
y me cuesta el perdón e insisto en tener razón
como si fuera tener algo,
me aferro a la fe
de los míos,
mis lisiados,
mis frustrados,
mis amigos.
Y grito con ellos, ladramos,
como hermanos,
celebrando resacas,
para volver a empezar,
con los huesos rotos,
la risa húmeda,
la memoria temblorosa,
y la infantil esperanza
de ahuyentar la muerte.
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